Crítica de El beso de la mujer araña, película dirigida por Bill Condon con Jennifer Lopez, Diego Luna y Tonatiuh Elizarraraz.
La novela de Manuel Puig vuelve a ser llevada al cine, en esta ocasión con ayuda del musical de Broadway.
De qué va El beso de la mujer araña.
Argentina, mayo de 1983. La dictadura militar se encuentra en problemas y mete en prisión a cualquier disidente. Así, Luis Molina, que ha sido encerrado por ser descubierto manteniendo actos sexuales con una persona del mismo sexo, es trasladado a la misma celda que Valentín Arregui, un disidente político que tiene información que el régimen necesita. A Molina, con su personalidad arrolladora, le encomiendan sacarle información a Arregui. Para ello, intentará acercarse al disidente contándole la trama de su película favorita, un musical protagonizado por Ingrid Luna.
Buena película, pero no está a la altura de la anterior adaptación.
Aunque algunos la hayan olvidado, El beso de la mujer araña es una excelente película de Héctor Babenco basada en la novela homónima de Manuel Puig, que, además, hizo que William Hurt ganase el Óscar al mejor actor. Aquella novela fue posteriormente adaptada a un musical que tuvo gran éxito en Broadway y en el West End londinense. La nueva película, escrita y dirigida por Bill Condon, es más una adaptación de ese musical que un remake de la película, o incluso una adaptación de la novela, aunque así lo indique en los créditos.

Condon ha decidido convertir la siniestra, terrible y trágica historia de la novela en un musical. Eso hace que la película navegue continuamente entre la historia terrible de lo que se vive en medio de la prisión, en torno a una dictadura y a la represión de la época, y el mundo colorido, musical y de cartón piedra de la película dentro de la película: la historia protagonizada por Jennifer Lopez. Es un cambio que choca y que no se parece en nada a la novela ni a la película de 1983, pero no desencaja del todo, porque sirve de vía de escape a la tragedia que vive Molina, quien visita continuamente ese mundo de ensueño y cine que tiene idealizado.
Pese a ese choque inicial, hay que reconocer que los actores están espléndidos. Tanto Tonatiuh, que interpreta a Molina, como Diego Luna, que es Valentín, lo bordan con esa relación que surge entre ellos de amistad y respeto, y que va creciendo poco a poco. También tienen esos papeles dentro de la película, donde todo es distinto y ellos parecen diferentes en su estilo, su forma de moverse, su forma de hablar… Allí, en esa historia, es donde también destaca Jennifer Lopez como esa estrella de cine capaz de liderar una historia y su música, porque casi todas las canciones están interpretadas por la propia actriz, dejando poco espacio musical a sus compañeros de reparto.
La película tiene en ese mundo hollywoodiense un tono lleno de colores, de escenarios falsos, de personajes arquetípicos y de bailes elegantes que está lleno de vida y recuerda a un cine del pasado que hace mucho tiempo se perdió. El problema es, una vez más, el regreso a la cárcel, donde la propia celda de los protagonistas parece también sacada de un escenario descartado de una serie de televisión. Es algo que se corrige cuando visitamos el exterior, mucho más realista. Pero cuesta sentir la crudeza de esa prisión cuando parece tan poco creíble. Condon saca partido de lo que puede, pero hasta él mismo parece más interesado en la imagen de ese Hollywood del pasado que en la historia de los presos. Nos queda un musical distinto, con mucho aroma a cine clásico, pero que dista mucho de ser memorable o de acercarse siquiera a la primera adaptación de la novela.
Jesús Usero
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Crítica de El beso de la mujer araña



