Crítica de Hugo 24, película dirigida por Luc Knowles e interpretada por Arón Piper, Marta Etura, Marco Cáceres, Greta Fernández, Javier Pereira y Mabel del Pozo.
¿De qué va Hugo 24?
Hugo (Arón Piper) está a punto de cumplir veinticuatro años; sin embargo, en el día de su aniversario, todo parece derrumbarse a su alrededor. Asolados por las deudas, su hermana y él van a ser desahuciados por su casero al no poder pagar el alquiler. Sin trabajo ni posibilidad de conseguirlo a tiempo, Hugo se lanza con su amigo a las calles de Madrid para reunir la cantidad que les falta y no acabar en la calle. El chico logra su objetivo limpiando cristales, pero pierde el dinero cuando alguien le roba la moto y se la quema en un parque del extrarradio. A esto se suma el hecho de que, en un día tan especial para el protagonista, su madre se encuentra en la cárcel por tráfico de drogas, y su padre no ha vuelto a hablar con el joven desde que abandonó el domicilio familiar. La angustia estrangula a Hugo, pero aún mantiene una mínima esperanza de salvación.
Crítica de Hugo 24
Luc Knowles elabora una película que profundiza en la faz menos amable de una ciudad como Madrid, donde la desigualdad social y el problema de la vivienda son asuntos especialmente problemáticos entre los habitantes más desfavorecidos de la Villa y Corte. El cineasta acierta al presentar un contexto que se aleja diametralmente de los mensajes grandilocuentes y de falsa realidad que se promocionan desde el edificio del Gobierno de la comunidad capitalina, para reflejar la asfixia en la que se mueven los ciudadanos que no pueden aspirar a la estabilidad que supone poseer un trabajo pagado decentemente y vivir en una casa donde aislarse de la agresividad de la rutina diaria.

Hugo representa a esa multitud de jóvenes —y no tan jóvenes— que luchan por no acabar aplastados por una urbe que maltrata a quienes se sienten excluidos del necesario bienestar social. Bajo semejantes coordenadas dramáticas, el actor Arón Piper realiza un encomiable trabajo de caracterización, al prestar al protagonista de la película un sinfín de gestos elocuentes, en los que se impone la mirada aguerrida y sincera de un chico que lucha sin tregua para no sucumbir ante un determinismo vivencial gestado desde un liberalismo económico salvaje e insolidario.
Luc Knowles huye de lo que se denomina cine quinqui, que tuvo enorme éxito en la década de los ochenta del pasado siglo XX, para asentar la historia de Hugo 24 sobre el colchón de las diferencias entre ricos y pobres. El director recrea un largometraje sobre gente que, simplemente, no lo tiene fácil en la vida, pero que no se adentra sin más en el universo oscuro de la delincuencia. Hugo es un veinteañero que aspira a tener el sueldo proporcionado por un trabajo legal, y no entra en su manera de ser robar o traficar con drogas. Esta determinación de Knowles sitúa la película en una óptica casi dickensiana, enraizada en el tecnológico siglo XXI, con una galería de personajes maltratados por la desigualdad; personas que no suelen llenar los discursos de los políticos en las campañas electorales.
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Existe una conexión artística con Trainspotting (Danny Boyle, 1996). Esta unión, más estética que conceptual, se percibe en el arranque de la película, con Hugo huyendo del hombre que ha maltratado a su hermana; algo muy similar a la presentación de Mark Renton (Ewan McGregor), echando una carrera ante un policía que lo perseguía al comienzo de la mencionada Trainspotting.
Jesús Martín
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