Crítica de La Momia de Lee Cronin, película dirigida por Lee Cronin, con Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace y Verónica Falcón.
Una película que quiere abarcar demasiado y acaba perdiendo su personalidad por el camino.
De qué va La Momia de Lee Cronin
Una familia norteamericana que vive en Egipto es sacudida por la tragedia cuando su hija mayor es secuestrada y desaparece sin dejar rastro. Años más tarde —cuando la familia ha vuelto a Estados Unidos—, su hija aparece con vida, encerrada en un sarcófago. La familia intenta que la hija recupere la normalidad, pero, al parecer, hay algo en su interior que podría destruirlos a todos.
Buenas intenciones, pero un resultado irregular.
A la chita callando, Blumhouse ha acometido ya la revisión de varios de los monstruos clásicos. Tras fracasar aquel intento de multiverso compartido que iba a comenzar con La Momia, protagonizada por Tom Cruise, Universal optó por un acercamiento más discreto y menos costoso. Además, se ha buscado una mayor cercanía al terror y la ciencia ficción que en propuestas anteriores. Así, hemos visto El hombre invisible y Hombre lobo —ambas dirigidas por Leigh Whannell— y, ahora, La Momia, de la que se ha encargado Lee Cronin. En esta ocasión, sin embargo, la distribución corre a cargo de Warner Bros., y no de Universal. Cronin es, además, director de Bosque maldito y de la muy interesante Posesión infernal: El despertar.

Pero toda la personalidad que Cronin mostró en la película de la franquicia Posesión infernal se ve diluida por la fuerza de los dos productores del filme, Jason Blum y James Wan. Su presencia se nota desde el arranque, dando a la historia un aire genérico y visto una y mil veces, que se asemeja más a una película de la saga Expediente Warren que a una película de La Momia. De hecho, hay momentos en los que da la sensación de que han tomado el guion de una película descartada de aquella franquicia y han introducido elementos de La Momia para poder presentarla como una nueva versión. Ahí empiezan los problemas de la película.
Y eso pese a contar con un sólido reparto liderado por Laia Costa, Jack Reynor, May Calamawy o Verónica Falcón. Ellos aportan solidez a una trama que hace aguas, la mires por donde la mires, y que no se sostiene especialmente en el tramo final de la historia, donde los agujeros de guion son demasiado evidentes y donde la historia sobrevive gracias al talento del reparto y al buen hacer del director. Porque eso no se le puede quitar a la película: está muy bien dirigida y tiene algunas secuencias realmente inquietantes, además de un buen gusto y un uso del plano realmente envidiables.

Pero no es suficiente para convertirse en algo verdaderamente memorable. Hay personajes que entran y salen de la película sin explicación ni justificación, mientras los protagonistas van dando tumbos y las explicaciones se vuelven cada vez más rocambolescas —como la propia presencia del mal ancestral al que se enfrentan—. Por no hablar de una duración de dos horas y cuarto totalmente injustificada, que hace que la historia tarde demasiado en arrancar y, para cuando llega el final —en el mejor sentido posible, una auténtica verbena—, ya ha perdido a parte de la audiencia.
Hay momentos brillantes —repito—, algún susto muy bien conseguido y una mezcla de ideas interesantes. Porque, en un momento dado, pasamos de Expediente Warren a Posesión infernal, dejando por el camino momentos de body horror u homenajes a la propia La Momia. Y funciona mejor cuando quiere parecerse a la saga de Sam Raimi que cuando juega a otras cosas. Pero su personalidad se diluye y el resultado es simpático, entretenido, con instantes curiosos y una idea inicial prometedora, aunque finalmente algo olvidable.
Jesús Usero
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Crítica de La Momia de Lee Cronin



