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Crítica de Resurrection película dirigida por Bi Gan con Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao, Li Gengxi, Hao Lei
Más una experiencia que una historia en sí misma, es una película que no dejará a nadie indiferente.
De qué va Resurrection
En un tiempo en el que la gente ha dejado de soñar para aumentar su longevidad, algunos individuos siguen soñando —y poniendo en peligro el tejido del tiempo—. Es lo que sucede con una mujer que cae en el mundo de los sueños y descubre a un androide aparentemente muerto. Por ello, decide contarle varios sueños —cada uno ligado a una época del cine— para hacerlo despertar.
Un sueño dentro de un sueño.
No se puede decir del director chino Bi Gan que sus películas sean predecibles o que ofrezcan algo ya visto con anterioridad. Su cine es personal y no siempre se ciñe a las narrativas habituales que podemos esperar del cine convencional —especialmente del de Hollywood, pero también del de otros cineastas asiáticos—. La forma en la que el director entiende el arte cinematográfico tiene más que ver con las sensaciones, las emociones y el rastro que dejan las imágenes en el espectador, en historias en las que pasado, presente y futuro se mezclan y nos hacen dudar de lo que estamos viendo. A menudo, todo ello aparece ligado a lo onírico —ya sea por la propia trama de la película o por la forma de contarla—.

Era algo que ya estaba presente en Kaili Blues y Largo viaje hacia la noche, quizá su película más conocida en nuestro país de las tres que ha rodado hasta ahora, donde pasado y presente, sueño y realidad, se mezclaban de forma a veces indistinguible. Si el espectador es consciente de ello y se deja seducir por la propuesta, encontrará algo único, personal y vibrante, de una belleza a veces difícil de describir y, en muchas ocasiones, sobrecogedora. Son películas —como Resurrection— muy difíciles de explicar, que deben experimentarse de primera mano y en las que la audiencia debe estar dispuesta a dejarse llevar por el juego que propone el cineasta. De lo contrario —si no saben lo que van a ver o a qué se enfrentan—, será un muro imposible de superar.
En Resurrection, además, el cineasta cuenta con la presencia de la legendaria Shu Qi y de Jackson Yee en los papeles centrales, lo que ayuda a dar forma a esta historia de sueños dentro de sueños. Se trata de un viaje a lo desconocido que, en realidad, es un recorrido a través de la historia del cine, con cinco historias narradas —cada una con un estilo cinematográfico distinto, desde el cine mudo hasta nuestros días—, haciendo que el conjunto sea también una suerte de museo en el que recrearse y una carta de amor al séptimo arte.

Visualmente única, de una belleza plástica pocas veces igualable.
Bi Gan imprime a su relato una forma única y personal de entender las imágenes y la manera en que estas transmiten emociones. Lo hace con una brillantez plástica que convierte cada imagen en algo cercano a un cuadro, a una postal de una emoción o de un sentido, detenida en el tiempo. Es capaz de dejarnos impactados y sobrecogidos, con una personalidad propia que muchos pueden intentar replicar, pero que solo el director será capaz de mostrarnos.
Eso convierte la experiencia en algo totalmente especial. Sin embargo, la ausencia de una narrativa más lógica —de una historia coherente y directa que seguir— hará que, por desgracia, muchos espectadores no sepan disfrutar de la película. Si a eso le sumamos una duración de más de dos horas y media, la sensación de enfrentarse a un muro imposible de superar —que mencionábamos antes— se hará aún más patente. Pero quienes logren superarlo se encontrarán ante una de las experiencias cinematográficas más especiales del año.
Jesús Usero
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Crítica de Resurrection



