Crítica de Star Wars: The Mandalorian and Grogu, película dirigida por Jon Favreau, con Pedro Pascal, Sigourney Weaver y Jonny Coyne.
Es un buen principio para inaugurar la cartelera veraniega, pero…
La película de Mando y Grogu presenta el tono y el ritmo de un episodio extendido de la serie, alargado a largometraje con un guion trabajado con pereza, que descuida sacar el máximo partido a los que podrían haber sido sus puntos fuertes.
¿Tras la pista de Jurassic World?
Eso convierte la película en una sucesión trepidante de enfrentamientos, en secuencias de acción bien resueltas y pobladas de una variopinta fauna de monstruitos que recuerda la fórmula de acumulación de dinosaurios en las películas de Parque Jurásico y sus secuelas. Imagino que tal desfile de criaturas es una manera de buscar, de la forma más primaria, pasar revista a lo que mejor funcionó en la taquilla del verano pasado: la última de Jurassic World, con Scarlett Johansson persiguiendo mosasaurios, e intentar seguir esa misma senda.
Pero el resultado es decepcionante, porque en el camino pierde muchos rasgos de la personalidad diferenciada de lo que se ha tejido en la serie de televisión en la que nacieron los personajes. Así, desperdicia la oportunidad de trasladar sus características más acertadas y sus puntos fuertes a la pantalla grande.
Inexplicable renuncia
En primer lugar, carece del desarrollo dramático y cómico de la relación entre Grogu y Mando, a pesar de su título. Por un lado, esta versión de Grogu es la menos cómica y gamberra frente a su antecedente televisivo. Y la química y la sinergia entre los dos personajes no solo no progresan y se estancan en la repetición de lo ya narrado, sino que incluso retroceden a un estadio más básico y primario de boceto de lo que podría haber sido y no es.
En segundo lugar, inexplicablemente, han podado el brillante arco de personajes secundarios que rodea a los dos protagonistas, dejándolos en cueros, faltos de ese respaldo esencial que ha dado lugar al universo más interesante y fiel al original iniciado por George Lucas, creado por Favreau y Filoni en el seno del universo mayor de Star Wars. Y lo han privado de la personalidad que le otorgaba ser un guiño al espagueti wéstern europeo, que, en todo caso, se ha ido diluyendo en la propia serie después de la primera temporada.

En tercer lugar, a pesar de servir como uno de los cebos más destacados en la promoción de este largometraje, la contribución al mismo de Sigourney Weaver es poco más que un cameo, con tres breves apariciones con diálogos y un mínimo boceto del personaje. Parece confiar en que el carisma y el poder de icono de la actriz se ocupen de darle presencia, carne y solidez a un personaje desvaído, dejándolo convertido en poco más que un cameo venido a más. Su interacción con Mando es nula, plana, bidimensional, tópica, previsible y, en general, aburrida y de mero recurso. Un cromo para pegar en el álbum promocional de la película. Todo eso en lugar de desarrollar una verdadera subtrama que alimente una química entre los personajes.
Entre los villanos… ¿qué villanos? El antagonismo es claramente uno de los puntos más fallidos de esta propuesta, en la que se encadenan aparentemente cuatro antagonistas, pero ninguno de ellos posee el peso necesario para reforzar y alzar más a los protagonistas. Y recuerdo que estamos en la franquicia que se define, esencialmente, por un personaje absolutamente mítico en la cultura popular desde finales de los años setenta hasta la actualidad: Darth Vader.

Rotta, lejos de las minas del Rey Salomón
Y en cuanto a la trama que rodea al personaje del hijo de Rotta, el hijo de Jabba el Hutt, al que presta su voz Jeremy Allen White, la manera de hacer algo mucho más interesante con él era bastante obvia y sencilla: releerse Las minas del rey Salomón, clásico del género de aventuras de Henry Rider Haggard, centrándose en el tema de la herencia y el legado del poder entre los zulúes. No hacía falta más para tener servida una trama mucho más interesante que la que nos cuenta la película.
En su conjunto, entretenida —incluso diría que muy entretenida—, pero, durante la mayor parte del tiempo, con un ritmo televisivo que se hace notar sobre todo en el primer y segundo acto. Lo muestra, entre otros momentos, el desenlace del primer encuentro de Mando con los gemelos, evidenciando una falta de ganas de recrear y traducir para la pantalla grande los relámpagos de épica que brillaban en la serie que la precede. Esta película queda en algo parecido a un OVA de las series de anime japonesas.
Miguel Juan Payán
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Crítica de Star Wars: The Mandalorian and Grogu



Revista ACCION ABRIL 2025 número 2504
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