Crítica de Un poeta, película dirigida por Simón Mesa Soto, con Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade y Guillermo Cardona.
Un drama con toques de comedia sobre la ambición, el arte, los sueños y quienes fracasan.
De qué va Un poeta.
Tras pasar décadas intentando convertirse en un poeta de renombre, Óscar ha caído en una crisis personal, frustrado por su sueño no logrado. Obligado a aceptar un trabajo como profesor de instituto, Óscar conoce a Yurlady, una joven de familia pobre pero con un don para la poesía. Viendo potencial en ella, Óscar decide ayudarla.
Crítica de Un poeta. Un drama con tintes de comedia negra y un gran análisis del arte y los sueños.
Con la poesía como centro de todo, Simón Mesa Soto escribe y dirige una cinta que no deja tema ni problemática sin abordar dentro del mundillo del arte. Cualquiera que haya intentado abrirse camino en una disciplina artística y conseguir relevancia sabe lo difícil que es, lo complicado que resulta que te vean y destacar, porque hay muchos que tienen tus mismas aspiraciones.
La cinta se divide en cuatro partes: tres principales y una última que puede funcionar como epílogo. La primera atrapa enseguida al espectador con su manera de narrar: escenas cortas —que podrían sentirse medio inconexas—, un montaje caótico y una cámara en mano con zooms manuales que dan la sensación de que la persona que lo está grabando es un personaje más, presenciando y documentando.
Esta primera parte podría ser muy comparable —aunque con diferencias notables— con Marty Supreme. Tanto Marty como Óscar en esta película son dos personas movidas por un propósito y un sueño, aun estando en puntos muy distintos de su vida y con personalidades diametralmente opuestas. Ambos quieren hacerse un nombre y sueñan con que el mundo les reconozca, pero mientras que Marty hace lo impensable por lograrlo, Óscar está en un punto de su vida en el que ve muy lejos alcanzar la vida que quería para sí mismo. Proyecta una mezcla de pesadumbre y victimismo, centrándose en lo que le ha salido mal, pero sin buscar una manera de salir de esa situación.

Un brillante retrato sobre proyectar los sueños propios en otros.
A partir de la segunda parte, y hasta el final, la cinta puede verse como una especie de advertencia sobre por qué proyectar nuestros sueños en otros con, aparentemente, nuestro mismo talento puede ser peligroso. La película de Mesa cambia cuando Óscar —ya como profesor— conoce a Yurlady, una joven con talento para la poesía que viene de un hogar pobre y que, realmente, no tiene interés por ella. Esto es algo que nos deja claro su personaje desde el primer momento.
Sin embargo, es algo que Óscar intenta sortear porque, además de querer ayudarla, cree que por medio de ella puede lograr lo que él por sí mismo no consiguió, y otros personajes en la historia alimentan esa idea. La película es brillante a la hora de plantear numerosos temas y problemáticas por medio de esta trama, pues nos habla de la hipocresía de los artistas, de la diferencia de oportunidades según de dónde vengas y tus condiciones económicas, de cómo el arte verdadero acaba relegado por la imagen y la reputación… Todo esto haciendo uso de un fantástico humor negro inteligentemente introducido.

El análisis ácido y brillante de Simón Mesa Soto.
Un poeta resuena en todos los que sueñan con ser artistas, poniendo de protagonista a un caballo perdedor que peca de compadecerse de sí mismo, pero que busca la manera de ser mejor. La película se adentra en más de una problemática del mundo del arte y nos ofrece una odisea que crece en intensidad cuanto más problemas se le presentan al protagonista.
Elena Campos
Copyright 2026 AccionCine. Se permite el uso del contenido editorial del artículo siempre y cuando se haga referencia a su fuente, además de contener el siguiente enlace: www.accioncine.es
Síguenos en nuestro canal de WhatsApp o Telegram para recibir las noticias en tu móvil o únete al grupo AccionCine de Telegram para conversar de cine y hacer amigos.
Crítica de Un poeta



