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Crítica de Una casa llena de dinamita película dirigida por Kathryn Bigelow con Idris Elba, Rebecca Ferguson, Gabriel Basso
Una de las películas del año: Kathryn Bigelow vuelve con un thriller con un escenario tan real que produce auténtico terror.
De qué va Una casa llena de dinamita
Narrada en tiempo real, Una casa llena de dinamita nos presenta un escenario en el que Estados Unidos es atacado con un misil nuclear que puede acabar con una de sus grandes ciudades. A partir de ese momento, a través de los ojos del personal de la Casa Blanca y de sus altos cargos, vemos cómo cada uno de ellos se enfrenta a una situación límite de final incierto.
Una de las mejores directoras de cine de la historia vuelve a la carga
Si hablamos de barreras en el cine, Kathryn Bigelow las ha roto todas —no solo por ser directora de cine y de notable éxito en un mundo en el que no hay muchas mujeres dirigiendo—, sino porque, además, se ha dedicado a un género vetado en muchas ocasiones a las mujeres, como es el cine de acción o el thriller, para brindarnos algunas joyas maravillosas: desde Los viajeros de la noche hasta Detroit, pasando por Acero azul, Le llaman Bodhi, Días extraños o las magníficas En tierra hostil —que le hizo ganar dos premios Óscar— y La noche más oscura.

Así que a nadie sorprende que su nueva película sea un thriller, aunque sí resulta una lástima que hayamos tenido que esperar ocho años desde Detroit para que la cineasta volviese a rodar una película. En esta ocasión, se trata de un thriller político centrado en el personal de la Casa Blanca ante un ataque inminente sobre suelo estadounidense, algo que recuerda, en cierta medida, a Punto límite y, sobre todo, a su remake televisivo Fail Safe, por su peculiar narrativa. Bigelow decide contar la historia en tiempo real, muy cerca de sus personajes, aunque lo hace en tres fragmentos, desde distintos puntos de vista. Así vemos el ataque desde la perspectiva de diversos personajes hasta su brillante final.
La directora se rodea de un reparto sensacional para contar la historia, con tres personajes que lideran cada uno de los fragmentos: los interpretados por Rebecca Ferguson, Gabriel Basso e Idris Elba, quienes están acompañados por nombres como Jared Harris, Moses Ingram, Anthony Ramos, Greta Lee o Jason Clarke. Incluso en papeles secundarios o muy breves encontramos a intérpretes como Willa Fitzgerald o Kaitlyn Dever. Solo por el reparto ya merece la pena echar un vistazo a la película —que ya está disponible en Netflix—, porque es maravillosa.

Tensión continua que no nos deja recuperar el aliento
Me pregunto qué habría hecho Aaron Sorkin con una historia así, porque no cabe duda de que El ala oeste de la Casa Blanca es inspiración para la película. Todo lo que vemos sucede en despachos, oficinas o centros de mando, principalmente, dejando que sean los personajes —sus acciones y reacciones ante lo que va sucediendo— los que transmitan esa sensación de tensión continua, de asfixia ante lo inminente, de aferrarse a un último hilo de esperanza. En ese universo, Bigelow se mueve como pez en el agua y nos brinda un relato de una fuerza impresionante que nos atrapa desde el primer momento.
Quizá el último segmento no tiene la misma potencia que los dos anteriores. No es que sea flojo, ni mucho menos, pero los dos primeros ponen el listón tan alto que el tercero queda unas décimas por debajo. Con una fotografía exquisita, un uso del zoom maravilloso —algo nada sencillo— y unos actores en estado de gracia, Una casa llena de dinamita se convierte en un thriller soberbio e impecable, y una de las películas que no debemos perdernos este año.
Jesús Usero
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Crítica de Una casa llena de dinamita



