Crítica La casa al final de la curva película dirigida por Jason Buxton con Ben Foster, Cobie Smulders, Gavin Drea, William Kosovic
Una película extraña con alma de thriller, sobre un intenso viaje a la locura del protagonista.
De qué va La casa al final de la curva
Josh es un hombre tranquilo con una familia aparentemente perfecta, con la que acaba de mudarse a su nuevo hogar, una casa de ensueño cerca de la carretera. Pero, pronto, descubren que la casa está situada junto a una pronunciada curva, lo que provoca continuos accidentes y la obsesión de Josh por esa curva y esa situación. Pese a que puede perder a su familia, la obsesión de Josh le lleva a cualquier extremo para alcanzar un perverso y oscuro sueño.
Un thriller único, aunque irregular
Han pasado 13 años desde que la primera película del cineasta Jason Buxton viese la luz. Blackbird es un intenso drama muy personal sobre un adolescente que realiza diversas amenazas a través de internet, lo que trastoca a toda la comunidad. Aunque la película es más que interesante, tuvo poca repercusión comercial, lo que ha provocado que Buxton, criado entre Reino Unido y Canadá, no haya podido realizar su segundo largometraje hasta ahora. Es una pena porque hay en Buxton un muy interesante analista de las emociones, pulsiones y obsesiones humanas.

Y eso es sobre lo que habla realmente La casa al final de la curva, de la obsesión. De un hombre que lo tiene aparentemente todo en la vida, aunque quizá ese sea el problema, que no tiene realmente nada. Pese a su familia perfecta y un buen trabajo, ha dejado que la gente le pase por encima toda la vida. Por eso, cuando descubre que la casa es un punto negro donde se acumulan accidentes de carretera, él descubre que es la oportunidad que siempre ha esperado para brillar, aunque suponga poner en peligro todo lo que ha conseguido en su vida.
Para hacer que la película funcione, necesitas a Ben Foster. El actor da una lección de interpretación en la piel de este pobre hombre que descubre algo en su interior que no sabía que tenía. Un tipo calmado y amable que esconde algo realmente oscuro en su interior, y que recibe el contrapeso perfecto en Cobie Smulders, en un tipo de papel en el que esperemos verla más a menudo. La película funciona con ellos dos y por ellos dos, aunque es Foster quien se lleva la palma. Es en los momentos a solas del actor donde quedamos fascinados por la historia y sentimos la inquietud que genera un buen thriller.

Un problema de ritmo, pero un resultado final más que apreciable.
Más allá de Foster, Buxton, quien es guionista y director de la película, la película está muy bien contada. Este tipo de historias tienen el problema de ser tratadas como un telefilm de fin de semana, y no es el caso. El cineasta sabe emplear muy bien el encuadre, especialmente en la casa y la maldita curva, el uso de una medida fotografía que refleja el mundo gris y aburrido de los protagonistas, y la aparición de personajes, como los terapeutas, que ayudan a agilizar la historia.
Pero tiene varios problemas con el ritmo, que hacen que la historia se arrastre por momentos y de vueltas en torno a lo mismo en lugar de avanzar. Le sobra metraje, por lo menos diez minutos, y quizá algún personaje (el compañero de trabajo), podía estar mejor escrito. Pero el sabor de boca que deja, especialmente con ese plano final realmente escalofriante, es el de un sólido thriller con personalidad y distinto. Algo que no se ve muy a menudo hoy en día.
Jesús Usero
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Crítica La casa al final de la curva



