Crítica Ponte en mi lugar de nuevo, película dirigida por Nisha Ganatra y protagonizada por Jamie Lee Curtis, Lindsay Lohan, Julia Butters, Sophia Hammons, Mark Harmon, Manny Jacinto y Chad Michael Murray.
¿De qué va Ponte en mi lugar de nuevo?
Ha pasado el tiempo desde que Tess (Jamie Lee Curtis) y su hija Anna (Lindsay Lohan) intercambiaron sus cuerpos durante un viernes de hechicerías atmosféricas. Desde entonces, Tess se ha convertido en una abuela aficionada a los consultorios vía pódcast, mientras Anna ha abandonado su carrera musical para criar a su hija Harper (Julia Butters) y trabajar como mánager en la industria discográfica.
Un día, Anna se cruza con Eric (Manny Jacinto) en el instituto al que acuden sus respectivas hijas, y entre ambos surge el amor. Solo hay un problema: conforme el romance avanza hacia el altar, Eric propone que Anna y Harper se muden con él y su hija Lily (Sophia Hammons) de Los Ángeles a Londres para comenzar una nueva vida. Ni Harper ni Lily desean la mudanza, y tendrán su oportunidad de intervenir en otro viernes mágico, cuando Tess, Anna, Harper y Lily intercambian sus cuerpos… otra vez.
Crítica Ponte en mi lugar de nuevo
Aunque parezca mentira, esta secuela de Ponte en mi lugar (Mark Waters, 2003) llega más de dos décadas después del estreno de la primera entrega. Este lapso de tiempo evidencia cambios notorios en el reparto original. En aquella película, Jamie Lee Curtis era una actriz de 45 años capaz de explotar con brillantez la neurosis adolescente derivada del intercambio con su hija; mientras que Lindsay Lohan era un ídolo teen que combinaba su carrera como actriz con su faceta de estrella del pop juvenil.

Veinte años más tarde, Curtis ha perdido parte de su chispa humorística al asumir el rol de abuela comprensiva y moderna, y Lohan no transmite de forma del todo convincente el salto de los 27 años que tenía en 2003 a las 39 que acredita en esta continuación desenfrenada.
Ante ese escenario, la directora canadiense Nisha Ganatra dobla la apuesta con la incorporación de dos adolescentes en plena efervescencia hormonal, simplemente para aportar el dinamismo necesario al juego de transformismo mágico. Sin embargo, esta fórmula no alcanza el efecto logrado en la cinta original, debido a un guion repleto de tópicos y una comedia políticamente correcta, carente de conflicto real o reflexión genuina.
Todo sucede a velocidad de vértigo, aderezado con interpretaciones dominadas por un histrionismo omnipresente. Tanto Jamie Lee Curtis como Lindsay Lohan se entregan a una explosión de gestos exagerados, a lo que se suma la sobreactuación generalizada del resto del elenco. Ganatra introduce tanta energía artificial en un argumento previsible que los equívocos no generan verdadero impacto, y los conflictos se resuelven como si los personajes vivieran en un universo de algodón de azúcar.
Lo positivo es que la película no traiciona el espíritu original que inspiró el primer capítulo de la bilogía, aunque muchos de sus gags están teñidos por una pátina estrambótica y reciclada de otras comedias juveniles anteriores.

Un film de momentos resultones
Entre las escenas más graciosas destacan la pelea de pasteles en el instituto al que acuden Harper y Lily; el partido de tenis adaptado que ganan Tess y Ryan (Mark Harmon repite como la pareja sensata de la madre de Anna); las clases de baile de Eric y Anna; o la actuación musical de Lindsay Lohan con su antigua —y ficticia— banda de su época teen.
Aviso para las seguidoras de Chad Michael Murray: el actor aparece brevemente como el hierático Jake.
Te gustará si te gustó…
Sin duda, el film del que más depende Ponte en mi lugar de nuevo es Ponte en mi lugar (2003).
Jesús Martín
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