Crónica desde Cannes 2026: abraza una jornada marcada por el duelo, la liberación sexual y la sangre
Crónica desde Cannes 2026: In Waves, Nagi Notes y Teenage Sex and Death at Camp Miasma, entre emoción animada, deseo y terror mutante.
In Waves (de Phuong Mai Nguyen) ★★★★☆
El estreno de la Semana de la Crítica estuvo marcado por una frase hawaiana que aglutina todo lo que se debe saber con respecto al surf y la vida: «Unas olas vendrán malas, pero otras serán mejores». Sobre esta máxima inapelable erigió AJ Dungo sus tristes memorias en forma de novela gráfica, y en su mismo centro también la ha situado la exquisita adaptación con la que la vietnamita-estadounidense Phuong Mai Nguyen ha sabido insuflar nueva vida en la gran pantalla a su expiación.
Este drama sobre dos jóvenes almas que viven y conectan en perpetuo deslizamiento —AJ sobre el asfalto y Kristen sobre las olas— parece, por momentos, una versión animada de Vivir el momento y otros melodramas en torno a la enfermedad y la pérdida. No obstante, cualquier escollo convencionalista queda asombrosamente opacado gracias a una emoción que te arrastra mar adentro sin remedio, en gran parte por la exquisita plasticidad con la que navega entre conceptos: del coming of age a lo Richard Linklater a la palpable e irónica relación entre el duelo y el arte. Y duele, duele mucho.
Tanto que resulta difícil posicionarse en la frivolidad crítica cuando se habla con tanta sinceridad sobre los vaivenes de la vida y, encima, la propuesta trae consigo un espectacular despliegue de artesanía audiovisual.
In Waves conquista el corazón más terco hablando del amargo recuerdo y la simbiosis con nuestra cultura ancestral —aquí, el folclore maorí—, pero también agasaja al ojo con una combinación de formatos tridimensionales y bidimensionales ejemplar —con reminiscencias tanto de Spider-Man: Un nuevo universo, Little Amélie o Persépolis—, donde el corazón herido es traducido en paralela sinfonía de virguerías y bellas ideas —ese bautismo del agua o los pasajes oníricos— que resuenan, como su monumental banda sonora, tiempo después de abandonar la sala.

Nagi Notes (De Koji Fukada) ★★½☆☆
De Retrato de una mujer en llamas a «Busto de una cuñada sin sal». La nueva película del director Koji Fukada, con el romance silente como telón de fondo, supone todo un interrogante con respecto a cómo ha conseguido colar su nuevo filme en la competición de Cannes.
No es solo que la propuesta que trajo fuera de concurso el año pasado, Love on Trial, fuese desesperantemente superficial; es que, además, su cine nunca se ha caracterizado por contener una voz tan identificable como la de algunos de sus compatriotas. Sí, el aplanamiento formal y el apego realista del slow cinema que el cine de Ozu o Mizoguchi inyectó en Hamaguchi, o el Kore-eda de ciertos momentos, también es palpable en este diario semanal sobre las pulsaciones románticas de varios sujetos en el pueblo de Nagi. Tampoco cuesta percatarse de la delicadeza para ordenar los elementos en torno al subtexto, pero le vuelve a faltar la maliciosa sabiduría con la que prenderle fuego, sutilmente, a todo el conjunto.
La llegada de Yuri, una arquitecta y modelo que acude a la llamada de su excuñada, quien pretende reflejarla en arcilla y madera, a una comunidad ligada a la rigidez de una base militar sirve como punto de partida para exponer una mirada a la liberación —esencialmente sexual— a través de la creación y del reflejo en el homólogo. El problema es que ahí termina la provocación de Fukada hacia una sociedad anquilosada. Sus personajes se perpetúan en vueltas estáticas de diálogo fino, con analogías granjeras y cierta vis cómica en torno a los diseñadores y los ejecutores, casi como si la meta fuese la mera exposición y la moraleja de que nada cambia jamás… hasta una de esas conclusiones triplemente graves: por simplonas, por chaqueteras y por confirmar, desgraciadamente, que de nuevo nos quedamos rascando el cascarón de un contexto descorazonador.

Teenage Sex and Death at Camp Miasma (de Jane Schoebrun) ★★★★½
¿Es posible un nuevo cine de terror? Para Jane Schoebrun, auténtica trotamundos del subproducto nocturno y el videoclub, tal y como demostró en la fallida I Saw the TV Glow, no solo parece ser que sí, sino que lo concibe como la más inesperadamente romántica y loca amalgamación que uno pudiera esperar de Un Certain Regard, de Cannes.
Teenage Sex, por abreviar, construye a partir de la relación entre dos mujeres —una joven directora poliamorosa, Hannah Einbinder, y la creepy ex-final girl, Gillian Anderson en modo Gloria Swanson, del trasunto ochentero de Viernes 13 para cuyo reboot ha sido contratada— el alumbramiento del siguiente apéndice en la historia del cine de horror. Un alegato completamente alucinado y festivo que clama por la mutación evolutiva, que no reconfiguración, en forma de nueva carne «cronenbergiana», del genoma de un género cinematográfico puramente ligado a la pulsión sexual de los espectadores.
Con este retorcido viaje onírico al origen del disfrute slasher, Schoebrun proclama el derecho de otras identidades a sentirse víctimas de una forma de arte que también las posee. Y lo hace renegando de soflamas políticas de cualquier rama en favor de un endiabladamente divertido recordatorio sanguinolento y cachondo del poder de la libertad creativa, mientras se estructura en torno a una apoteósica —por certera y respetuosa— invocación fan de las claves más veteranas del género: desde la Psicosis de Hitchcock hasta la Mulholland Drive de David Lynch —cameo incluido—, pasando por John Carpenter, Tobe Hooper, Mario Bava, Wes Craven o la lente vampirizadora de Zulueta. Igual que tampoco le tiemblan las canillas a la hora de absorber El crepúsculo de los dioses, Persona, de Bergman, o a sus propios coetáneos —también herederos de la cultura pop—, Ari Aster y David Robert Mitchell, en una vorágine que se percibe como una gloriosa carta de amor.
En el nuevo cine de terror de Jane Schoebrun no se deja a nadie fuera: se eviscera felizmente a todo el que no distinga risas, sangre o sexo de un plano secuencia o un doble foco; y eso en Cannes se debe celebrar a lo grande.
Miguel Ángel Espelosín
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Crónica desde Cannes 2026: 13 de mayo.



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