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sábado, diciembre 3, 2022
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Las claves del cine de Hayao Miyazaki

La filmografía de Hayao Miyazaki se adelantó en décadas a cuestiones que hoy son tendencia.

En el universo de Hayao Miyazaki caben desde princesas guerreras hasta animales parlantes, pasando por niñas poderosas y monstruos de corazón bondadoso. La princesa Mononoke (1997), una de sus obras cumbre en particular y del estudio Ghibli en general, regresa a las salas por su 25 aniversario. Pocos momentos tan oportunos como este para repasar las obsesiones del autor nipón. Algunas de ellas, tan marcadas y constantes que han hecho de Miyazaki un visionario. 

Mi vecino Totoro
Mi vecino Totoro

Sueños infantiles

El japonés es uno de los grandes retratistas de la niñez en el cine. Prácticamente desde sus inicios en televisión. Y siempre con una máxima: la infancia es esa época inicial de nuestras vidas en la cual todo nos parece posible. Su primera obra magna en ese sentido fue Mi vecino Totoro (1988), con las hermanas Satsuki y Mei trabando amistad con aquel orondo espíritu del bosque.

El viaje de Chihiro
El viaje de Chihiro

Un enfoque que alcanzaría su máximo nivel artístico y emocional gracias a El viaje de Chihiro (2001), para cuya protagonista se basó en la hija de un buen amigo suyo y productor asociado que le visitaba cada verano. Posteriormente, en Ponyo en el acantilado (2008) volvería a identificar infancia con fantasía. Y con un detalle argumental muy significativo, en este caso inspirado en La sirenita de Hans Christian Andersen: la princesa pez que da nombre al título y que desea convertirse en una niña como las demás.

Nausicaä del valle del Viento (1984)
Nausicaä del valle del Viento (1984)

Mujeres al poder

No es casual que varios de los títulos citados tengan a niñas como protagonistas. Mucho antes del boom actual de las superheroínas, Miyazaki insistió una y otra vez en mostrar mujeres fuertes, decididas y con iniciativa. El caso paradigmático es, precisamente, el de Mononoke: esa joven furiosa y luchadora adoptada por una diosa loba. Con todo, antes que ella estaba Nausicaä del valle del Viento (1984), guerrera y piloto de naves en un mundo futuro y postapocalíptico. No solo hay que recurrir a los roles principales; incluso sus personajes femeninos más secundarios acaban rivalizando con los protagonistas masculinos.

Porco Rosso (1992)
Porco Rosso (1992)

Así ocurre en Porco Rosso (1992) con Fio, una joven mecánica y también piloto que planta cara a todo hombre (o cerdo, como ocurre con el personaje central) que osa plantarle cara. Los aviones, por cierto, siempre tienen un hueco en sus filmes: el padre de Miyazaki poseía una empresa que fabricaba timones para estos aparatos.

La diosa naturaleza

Ya que tocamos el género porcino, no fue aquella la última vez que Miyazaki abordó una transformación en dicho animal. A idéntica metamorfosis sometió a los padres de Chihiro. Una metáfora que el propio autor explicó: el ser humano convertido en un animal codicioso, sin ningún respeto por su entorno natural, y que en el caso de Chihiro respondía a la burbuja económica en el Japón de los años ochenta. Así, la filmografía del autor en su totalidad es una apasionada defensa de los valores sintoístas: la naturaleza está poblada de espíritus y divinidades que, como tales, deben ser venerados. 

No a la guerra

“Prefiero ser un cerdo antes que un fascista”, decía el personaje de Porco Rosso, en el contexto de la Italia de entreguerras. El hecho bélico está presente en buena parte del cine de Miyazaki. O sus resultados, como demuestra el arrasado mundo de Nausicaä, suponemos que tras un holocausto nuclear. El propio cineasta ha confesado el origen de esta obsesión: la honda impresión que le dejaron los bombardeos nocturnos durante la Segunda Guerra Mundial cuando apenas contaba cuatro años de edad. Y, por encima de todo, la huida de su familia de su ciudad mientras era pasto de las llamas. De hecho, el director se negó a ir a los Oscar de 2002 en protesta por la invasión de Irak. Aquella noche, ganó la estatuilla por Chihiro.

Habrá paz para los malvados

Es algo que no puede remediar: Miyazaki repudia ese mal puro y sin ningún tipo de arista tan propio de la narrativa infantil. En su cine siempre hay redención para los villanos, por tiránicos que sean. Uno de los mejores ejemplos lo tenemos en la película que ahora se reestrena: Lady Eboshi, némesis de Mononoke y dictadora de la Ciudad de Hierro, finalmente aprenderá la lección y gobernará de acuerdo a las leyes de la naturaleza.

Jaime V. Echagüe

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