
Una joven dependienta de un gran almacén de Nueva York, frustrada por su trabajo, su futuro y su vida personal, que desea dedicarse a la fotografía, conoce a una mujer acomodada y madura, Carol, que vive un matrimonio carente de amor, separada de su marido y buscando una libertad que nunca tuvo, pero que adora a su hija y haría lo que fuese por ella. Entre ellas dos cuando se conocen surge una química única (es muy difícil no enamorarse de Carol, sea uno hombre, mujer o piedra. Y no lo digo sólo por la actriz, también por el personaje que se crea, por lo que desprende y lo que cuenta), que desarrollarán a lo largo de un viaje por Estados Unidos. Aunque todo viaje tiene un final, quizá el menos esperado, quizá el más brusco… ¿quién sabe?
La película brilla en todos sus aspectos. Desde la preciosista fotografía, pero contenida y sin excesos, a una banda sonora arrebatadora y perfecta para narrar la historia. Todd Haynes, que ya trataba el mismo tema en la excelente Lejos del Cielo, retrata aquí sin excesos, con mucha calma y buen ritmo, sin aspavientos dramáticos ni babas que arruinen la función, una profunda y honesta historia de amor. Un amor prohibido por una época y una forma de pensar de la sociedad que a veces y por desgracia, nos recuerdan demasiado al mundo en el que vivimos actualmente. Sólo fíjense en cómo cuenta el viaje en carretera y el esperado primer encuentro carnal entre los dos personajes centrales…
El gran acierto de Haynes, o uno de los muchos, a la hora de contar esta adaptación de la novela de Patricia Highsmith, es su reparto. Tanto Rooney Mara como Cate Blanchett están nominadas muy justamente al Oscar, y si cualquiera de ellas gana, sería más que merecido (eso sí, no entiendo lo de Mara como secundaria, cuando ella es la protagonista), pero también el trabajo de los secundarios, donde brilla mucho Kyle Chandler como ese hombre patético y obsesionado que ve derrumbarse su mundo sin entender nada. Sensacional. Como toda la película. Sutil, conmovedora, especial… una pequeña historia de amor que por eso mismo, por ser pequeña, acaba siendo realmente grande y hablándonos todos nosotros. Un lujo en todos los sentidos.
Jesús Usero
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