Crítica 28 años después película dirigida por Danny Boyle con Jodie Comer, Aaron Taylor-Johnson, Ralph Fiennes
Danny Boyle y Alex Garland regresan al mundo que crearon hace 23 años para darnos una vibrante nueva entrega.
De qué va 28 años después
Tras la pandemia del virus de la rabia, el Reino Unido ha quedado aislado del mundo para contener la misma. En una isla al norte, una pequeña comunidad sobrevive con unas reglas muy estrictas que les han permitido mantener una pequeña sociedad. En esa comunidad, un padre enseña a su hijo todo lo necesario para sobrevivir a los infectados mientras su madre, enferma, se mantiene en cama.
Vuelta a los orígenes
Hace 23 años, Danny Boyle y Alex Garland, como director y guionista respectivamente, nos dieron una de las películas más emblemáticas y emocionantes del género de infectados (o zombis, aunque con variaciones aquí) que podemos recordar. 28 días después, con Cillian Murphy a la cabeza de su reparto, era un relato espectacular que nos sumergía en este nuevo universo, con Reino Unido como punto de partida de la historia. Y, aunque el tercio final quedaba por debajo del resto de la película, sin duda se trataba de una obra revolucionaria que marcó a los espectadores.

Tuvo una secuela, con Juan Carlos Fresnadillo al frente, que, a mi modo de ver, era más redonda que la primera película, y que ha sido en cierta medida ignorada para llevarnos de vuelta a este universo con una historia que más que una secuela, sentimos que es una aventura nueva dentro de este mismo mundo. Nuevos personajes, nuevas historias, nuevas localizaciones. Ese es uno de los primeros grandes aciertos de la película. Llevarnos a un nuevo rincón de este universo, un paraje que no habíamos explorado y que es bastante diferente a lo que ya conocíamos…
Esta nueva pequeña isla con sus habitantes y sus costumbres, con su preparación para sobrevivir y el mundo que propone, es todo un acierto, sobre todo porque Garland como guionista sabe dotar a esos personajes de vida propia. La historia de la familia protagonista, ese matrimonio y ese hijo que emprende su viaje de madurez, es realmente interesante. Aaron Taylor-Johnson y Jodie Comer demuestran, una vez más, el enorme talento que tienen, pero quien protagoniza realmente la historia es el joven Alfie Williams como Spike. Si además sumamos la presencia de actores como Ralph Fiennes, el resultado no puede resultar más interesante ni mejor preparado para emocionarnos.

Un viaje lleno de tensión y visualmente fascinante
Mucho se ha hablado del rodaje de toda la película con teléfonos iPhone en lugar de cámaras convencionales, una decisión tomada para acercarse al espíritu de la primera entrega, rodada con cámaras de video domésticas. El resultado es realmente fascinante, y hay momentos en los que uno no sabe si está en un sueño o en la realidad (la vuelta a casa, por ejemplo). El pulso narrativo de Boyle es maravilloso, más interesado por mantener la tensión del espectador que por darnos sustos si sustancia, lo que hace que todo sea más emocionante para nosotros.
Es una película visualmente magnífica, y la historia sorprende y tiene enjundia. Y, aunque ignorar en cierta medida la secuela sea un pequeño chasco, su verdadero problema llega, nuevamente, en el tercio final. O en la aparición de cierto personaje, que no comentamos por evitar los spoilers, que hace que el ritmo decaiga y que la historia pierda gracia (hay un par de decisiones de guión cuestionables, además). Pero la sensación, en general, es la de un relato creado para los fans del género, que rinde homenaje a la primera película, pero se separa de ella para darnos un viaje completo y distinto, verdaderamente disfrutable, que nos deja con ganas de más. Porque la siguiente entrega está en camino…
Jesús Usero
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Crítica 28 años después



