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Crítica Ant-Man y La Avispa Quantumanía ★★★

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Crítica Ant-Man y La Avispa Quantumanía

Irregular en el ritmo, pierde su personalidad imitando a Star Wars.

Esta tercera entrega de las aventuras del Hombre Hormiga en el cine arranca más interesante que las dos anteriores, promete, pero luego cae en su propio laberinto de construcción que cae en los mismos errores de estructura de las últimas películas de Marvel, por ejemplo Doctor Extraño y el multiverso de la locura, a saber: el guion no desarrolla los personajes, solo los esboza, y en un intento de desarrollar una aventura de grupo, como se ha convertido ya en auténtica manía en las producciones de superhéroes de Marvel Studios, todavía bajo la sombra de la fórmula narrativa y los logros comerciales de los hermanos Russo en Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame, tira por lo trepidante al principio y al final de su propuesta, pero cae en un valle que se hace bola en el ecuador de la misma, concretamente en las dos conversaciones de Janet, el personaje de Michelle Pfeiffer (lo mejor de la película es ella, sin competencia: elegancia y estilo le echen lo que le echen, una todo terreno de fábula) con Kang.

Otro detalle a tener en cuenta es que el crecimiento del personaje de Janet devora y anula el espacio del personaje de su hija Hope, la Avispa del título, que está en el título de la película –Ant-Man y la Avispa-, pero participa realmente poco, aunque esté en muchos planos del largometraje sin diálogo y en pose muy propia de estos tiempos de Instagram. Una vez presentados sus logros entre la película anterior y esta en una secuencia de montaje que abre el largometraje -significativamente con voz en off del protagonista masculino-, todo parece dicho ya sobre el personaje, bueno eso y que “se ha cambiado el pelo”, como señala un diálogo, y queda solo que en el desenlace realice el acto heroico de turno, también en función del protagonista masculino. Claramente los creadores de la película parecen pensar que no hay sitio en la misma para dos “Avispas”, así que deciden darle toda la cancha a la original de Pfeiffer en detrimento de la de Evangeline Lily, que ha salido perdiendo protagonismo en esta tercera entrega.

En cuanto al personaje de Scott Lang, el Hombre Hormiga interpretado por Paul Rudd, no evoluciona absolutamente nada de una película a otra ni se aporta nada nuevo sobre el mismo en esta tercera entrega, y su conflicto con la hija se plantea y resuelve con una simpleza francamente insultante, al mismo tiempo que el personaje de la hija tampoco se desarrolla más allá del boceto inicial plagado de tópicos: es lista, es rebelde, está concienciada respecto a los refugiados y como cualquier otro personaje de la saga, es más lista y resolutiva que su padre.

Crítica Ant-Man y La Avispa Quantumanía ★★★

Hablando de resolución, el argumento es curioso: los conflictos los crea Janet Van Dyne, pero el que salva el mundo es su marido, el Doctor Hank Pym interpretado por Michael Douglas, y de una manera bastante previsible, con unos personajes que parecen reclutados a última hora y con urgencia por el guion para poder rematar la faena.

En cuanto al trabajo de actores, ellos y ellas son competentes, pero  pasarse toda la película corriendo arriba y abajo delante de una pantalla verde rodeados de efectos visuales por ordenador o atrapados en la cansina rutina del plano contraplano que aplica Paul Rudd a la película no les permite lucir su talento como merecen.

Ejemplo de ello es el Kang de Jonathan Mayors, que apunta maneras pero cae en la sima de esa cansina presentación visual en la que además afronta el difícil reto de superar el mimetismo de la película respecto a la saga de Star Wars y sus personajes emblemáticos, perdiendo la oportunidad de desarrollar su propia personalidad como sí pudo hacer Josh Brolin con su personaje de Thanos. Y no, este Kang no tiene nivel para sustituir a Thanos como mejor villano del Universo Cinematográfico Marvel, por lo menos hasta el momento.

Del tratamiento que recibe MODOK, atrapado en las rutinas de comedia de instituto de este tipo de productos, baste con decir que han triturado el personaje original a base de chistes con poca gracia.

De todo ello queda una película moderadamente entretenida en su arranque pero con menos personalidad diferenciadora que sus dos predecesoras, y que habría necesitado a otro director para hacerse cargo de su parte épica y de aventuras, que el viene grande a Peyton Reed.

                                                              Miguel Juan Payán

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Miguel Juan Payán
Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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