Crítica de Caza de brujas (2025) ★★★★  Frío e intenso drama psicológico

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Crítica de Caza de brujas, película dirigida por Luca Guadagnino y protagonizada por Julia Roberts, Ayo Edebiri, Andrew Garfield, Michael Stuhlbarg y Chloë Sevigny.

Frío e intenso drama psicológico.

¿De qué va Caza de brujas?

Alma (Julia Roberts) es una brillante profesora de Filosofía que da clase en la Universidad de Yale. Un día, tras una fiesta en la casa de la docente, una alumna de doctorado llamada Maggie (Ayo Edebiri) acusa al también profesor Hank Gibson (Andrew Garfield) de abusos sexuales. Alma se resiste a creer que su colega haya cometido semejantes actos con la estudiante, pero tampoco descarta la posibilidad de que Maggie diga la verdad. Sin saber cómo actuar, la experta en Filosofía comienza a sentir que asuntos de su pasado más oscuro amenazan con salir a la luz, mientras soporta, con medicación, graves problemas en su cuerpo.

Crítica de Caza de brujas

Resulta difícil entrar en un universo tan gélido —desde el punto de vista emocional— como el que diseña Luca Guadagnino en Caza de brujas. El director italiano estructura la película en torno a un personaje tan esquivo y rocoso como el de la docente universitaria a la que encarna con verosimilitud una impactante Julia Roberts. La protagonista de Pretty Woman construye el rol de una mujer incapaz de transmitir los sentimientos que la acosan y que parecen hundirla en un abismo infernal de asfixiante oscuridad.

Crítica de Caza de brujas

Por la caracterización de Roberts, Alma es una profesora instalada en una artificiosidad que le resulta cómoda, mientras aleja a quienes intentan escarbar en su vida pretérita. Incluso la compenetración con su marido (Michael Stuhlbarg explota con talento la excentricidad del esposo de la docente para establecer las distancias con respecto a la frialdad de su cónyuge) se antoja demasiado convencional y deliberadamente falsa. Tan solo las conversaciones con Hank (Andrew Garfield) hacen aflorar un poco de humanismo comprensible en la experta en Filosofía a la que da vida Julia Roberts.

Esta faceta de aislamiento absoluto que experimenta Alma permite a Guadagnino enfocar la interpretación de Roberts con las sombras propias de una mujer que huye constantemente de los demás y de sí misma. Una característica que choca frontalmente con la actitud bastante sospechosa de Maggie, la alumna que le pide ayuda y desencadena el problema con el que arranca el argumento, después de sufrir un supuesto abuso sexual por parte de un querido colega de Alma.

El ritmo narrativo de Caza de brujas está convenientemente ralentizado, con la intención de mostrar el cosmos de Alma como un escenario agresivo y carente de calidez emocional. Esa determinación artística funciona en la forma en que se construye la laberíntica existencia de la protagonista. Sin embargo, esta elección también provoca una pérdida progresiva de curiosidad por lo que sucede en la película —algo que llega a exasperar ante los diálogos pomposos de Alma y de Hank, así como de los demás alumnos de doctorado, que intentan hallar explicaciones filosóficas a las incógnitas planteadas por el caso del abuso del que dice ser víctima Maggie—.

Luca Guadagnino no se sube al carro de las soluciones habitualmente fáciles de dramas similares. El cineasta italiano prefiere mantenerse en un terreno en el que no hay verdades inmutables ni redenciones a la vuelta de la esquina, y en el que incluso se vierte la duda razonable sobre los hechos que originan la historia.

Crítica de Caza de brujas

Luca Guadagnino y su laboratorio social

El cine de Luca Guadagnino se nutre habitualmente de relatos sin puntos de fuga emocionales, de historias transformadas en testimonios impactantes y afilados sobre realidades puntuales, inhóspitas y asfixiantes. Aunque Caza de brujas comienza con unos títulos de crédito que remiten a las películas de Woody Allen, esto es meramente un recurso estético, ya que el contenido y el desarrollo dramático del filme interpretado por Julia Roberts no guardan mucha relación con el estilo desdramatizado del responsable de Annie Hall. Tal vez sí puedan encontrarse ligeras conexiones con las obras más sombrías de Allen, como Septiembre y Otra mujer. Guadagnino disecciona los problemas de la profesora Alma Olsson y de su entorno más inmediato de una manera muy analítica, como si examinara sin anestesia cada uno de los movimientos, las palabras y los gestos de la extraña y enfermiza galería de personajes. Esta fórmula revela el artificio intelectual que se percibe en el ecosistema universitario donde transcurre la trama: un lugar de estudios profundos y teorías más o menos afortunadas, que no se permite mostrar vulnerabilidades humanas ni zozobras afectivas.

Te gustará si te gustó…

La filmografía entera de Luca Guadagnino, donde priman los roles desprendidos de comodidades vacuas, que se enfrentan a realidades bastante aterradoras. En cuanto al tema, Caza de brujas puede recordar a la escalofriante película La otra mentira, donde una estudiante interpretada por Sarah Miles denunciaba a su profesor de inglés por abuso sexual, papel que encarnó Laurence Olivier.

Jesús Martín

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Crítica de Caza de brujas

Jesús Martín
Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación

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