Crítica de La vida de Chuck (2025) ★★★★ Emotivo drama plagado de imaginación y misterio

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Emotivo drama plagado de imaginación y misterio

Crítica de La vida de Chuck, película dirigida por Mike Flanagan y protagonizada por Tom Hiddleston, Jacob Tremblay, Benjamin Pajak, Cody Flanagan, Chiwetel Ejiofor, Karen Gillan, Mia Sara y Mark Hamill.

¿De qué va La vida de Chuck?

El profesor de instituto Marty Anderson (Chiwetel Ejiofor) observa que el mundo está cambiando de manera drástica. Internet ha dejado de funcionar, se multiplican los desastres naturales y la gente desaparece sin dejar rastro alguno. Un día, mientras está en un atasco, Marty ve una valla publicitaria en la que aparece un individuo llamado Charles “Chuck” Krantz (Tom Hiddleston), a quien dan las gracias por sus treinta y nueve años de vida.

El misterio sobre la importancia de este personaje obsesiona al maestro y a su exmujer (Karen Gillan), pero el tiempo se agota y el universo amenaza con eclosionar. Por su parte, Chuck se encuentra en coma, postrado en la cama de un hospital, únicamente sujeto a la realidad por una máquina que controla sus constantes vitales.

Crítica de La vida de Chuck

Crítica de La vida de Chuck

Una de las virtudes de Stephen King como escritor se muestra en los momentos en que el novelista estadounidense deja discurrir su talento para las fantasías hipnóticas, sin aparentes reglas argumentales a las que sujetarse. Esa sensación de sentarse y esperar a dónde te lleva la historia es lo que hace grande a La vida de Chuck.

El cineasta Mike Flanagan (Doctor Sueño) es un conocedor bastante solvente de los relatos de Stephen King, por eso ha dado con la fórmula más eficaz para contar este cuento de hadas subliminal, protagonizado por un contable extraño y admirable por su comportamiento menos rutinario. Pese a que la estructura inicial desconcierta, la determinación de numerar los actos del último al primero deja pistas sorprendentes sobre la verdadera naturaleza del hombre que aparece en las vallas publicitarias, en la televisión y en la radio.

El arranque apocalíptico es únicamente una llave con la que Flanagan abre la puerta a los laberintos mentales del portentoso Charles Krantz. Este héroe no es más que un hombre normal, y en esa anodina existencia reside la grandeza de un ser humano que se universaliza progresivamente.

En este sentido, la interpretación convincente y esforzada de Tom Hiddleston provoca que se quiera conocer más sobre el pasado de un tipo capaz de dejar su maletín de contable en la acera para ponerse a dar brincos y mover el esqueleto al ritmo marcado por una chica que toca la batería en la calle. Sin pensarlo mucho, Chuck invita a una joven a bailar con él en la plaza, y ambos levantan una oleada de aplausos. Probablemente este sea el instante más mágico en los treinta y nueve años del contable, pero es también la razón por la que el universo que se está perdiendo en el tiempo es —sobre todo— el suyo propio.

Flanagan va hacia atrás en la historia de Charles Krantz, a quien retrata a los treinta y nueve, a los diecisiete, en su pubertad y cuando es un niño pequeño, antes incluso de perder a sus padres en un accidente de coche.

Con un cuidado sensible y empático, Flanagan ejerce como si fuera Frank Capra en ¡Qué bello es vivir!, un ejercicio artístico que le permite vestir con las ropas de lo excepcional a una persona que suele pasar desapercibida, salvo cuando se entrega a su pasión por el baile.

Crítica de La vida de Chuck

Un reparto eficaz y brillante

Una de las bazas a favor de La vida de Chuck radica en el nutrido reparto que arropa el guion de Mike Flanagan y Stephen King. Chiwetel Ejiofor deja el listón bastante alto como el profesor concienzudo y responsable que intenta no caer en el alcoholismo y desea recuperar el afecto de su exmujer. El testigo interpretativo de Ejiofor lo recogen con solvencia Tom Hiddleston, Jacob Tremblay, Benjamin Pajak y Cody Flanagan, como las distintas versiones de Chuck a lo largo de las etapas de su vida que trata el filme. Incluso los roles más secundarios, como los abuelos del protagonista (Mark Hamill y Mia Sara), tienen su figuración precisa y necesaria.

Te gustará si te gustó…

Cualquier relato de Stephen King en el que la narración parezca discurrir en completa libertad, sin peajes ajenos a la naturaleza de los personajes que alimentan la historia con sus experiencias. En cuanto a títulos concretos, se puede establecer una conexión sensible y estilística con El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008).

Jesús Martín

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Crítica de La vida de Chuck

Jesús Martín
Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación

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