Crítica de Cowgirl, película dirigida por Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, con Isabel Rocatti y Pep Munné.
Una película tierna y sencilla, elegante y bien narrada, con personajes que acaban ganándose al espectador.
Crítica de Cowgirl, una película sencilla, tierna y con personalidad, dirigida por Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, con Isabel Rocatti y Pep Munné.
De qué va Cowgirl
Empar es una granjera que vive algo aislada del mundo y que necesita que su vaca se quede preñada para poder mantener su granja. Finalmente, tras varios intentos fallidos, lo consigue pidiendo ayuda a Bernat, el granjero más importante de la región, pero ese será el inicio de sus problemas. El embarazo de la vaca es de riesgo, por lo que hará todo lo posible por mantener la tranquilidad del animal, incluso llegando a enfrentarse con el resto del pueblo. Pero la presencia de Riqui, un joven recién llegado al lugar, y la ayuda de Bernat cambiarán todo para Empar.
Una historia honesta y sencilla que tiene mucho que ofrecer
Hay películas que tienen alma y, desde sus primeros compases, puedes notarlo. Es lo que sucede con Cowgirl, una película que, si hacemos caso solo a su descripción, puede despistar sobre lo que realmente encierra. Es una película honesta y reposada, que cuenta muchas cosas en torno a una persona que no es precisamente perfecta. De hecho, es antipática, borde, poco amable… Pero, en cuanto la película empieza a escarbar en su personalidad y en su historia, descubrimos lo que realmente encierra el personaje. Eso nos permite empatizar con ella, comprender su recorrido y disfrutar con el camino que tenemos por delante.

Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens son los responsables de la película, tanto en la dirección como en el guion —en el que ha colaborado Rafa Albert—, y han aprovechado al máximo el paraje natural donde se ha rodado la película para dar un alcance mucho mayor a una historia íntima y pequeña. El lugar se convierte así en un personaje más que envuelve al resto, que los acerca o los aísla dependiendo de la situación y de lo que está por venir. Un lugar que esconde secretos, aunque ninguno es mayor que los que albergan los propios protagonistas de la historia.
Además, lo han hecho arriesgando y contando la película en valenciano, lo que le da un carácter muy particular a la historia, aunque es cierto que, de cara a la taquilla, puede limitar las posibilidades de la película. Pero es evidente que le aporta una personalidad única, como también lo hace su sentido del humor, que lo tiene y mucho. Es un humor seco, ácido, cortante… Como la propia protagonista, que lo emplea para mantener alejada a la gente o para hacer creer que nada le importa. No se trata de reír a carcajadas, sino, muchas veces, de mantener una sonrisa cómplice con los personajes y dejarte arrastrar por la historia. Lo consigue, aunque haya momentos en los que pierda un poco el norte y el ritmo se difumine porque no parece que tengan claro hacia dónde debe ir la narración.

Es su mayor problema, la verdad. Si el tono ya es sobrio y comedido, y el ritmo es firme pero pausado, cuando este decae el espectador puede desconectar. Para mantenerse pendiente, siempre puede recurrir al trabajo enorme del reparto, liderado por una maravillosa Isabel Rocatti, quien se echa la película sobre los hombros y lo hace con una verdad enorme en su forma de interpretar a un personaje nada sencillo. Sin olvidarnos de nombres como Pep Munné, Carlos Cuevas o Joaquín Climent, todos ellos perfectos en sus papeles. Una historia madura sobre las segundas oportunidades, sobre la importancia de encontrar nuestra propia familia y sobre la tradición. Diferente y con personalidad, ojalá no pase desapercibida.
Jesús Usero
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