Crítica de Haciendo amigos, película dirigida por David Marqués con Quim Gutiérrez, Antonio Resines y Megan Montaner.
Aunque no inventa nada y recuerda demasiado a Campeones, cumple con el expediente y divierte.
De qué va Haciendo amigos
Dos ladrones de joyerías escapan de su último robo para descubrir que su única forma de mantenerse libres es unirse a un grupo de personas con discapacidad que se van de campamento. Forzados por la situación y obligados a permanecer con el grupo, poco a poco descubrirán un lado de ellos mismos que creían olvidado y que podría dar pie a una segunda oportunidad en la vida. Claro, si sobreviven a una semana de campamento con un grupo que es mucho más de lo que parece.
Casi, casi, una tercera entrega de Campeones…
No es de extrañar que en una película como Haciendo amigos nos encontremos detrás de las cámaras con el coguionista de las dos entregas de Campeones. Por mucho que se intente y por mucho que lo intenten, la película tiene enormes paralelismos con aquella, tanto en el tema como en el trasfondo que trata. Y no hablamos solo de las personas con discapacidad —así es como se refieren a ellas en la película y, además, lo explican bastante bien—, sino también de unos personajes que parecen acabados, pero que tienen la posibilidad de tener una segunda oportunidad.
David Marqués se encarga en esta ocasión de la dirección, con un guion de Marta González de Vega, y nos deja claro desde el primer minuto a qué tipo de producto nos enfrentamos. Es una película que quiere hacernos reír —y lo consigue a menudo— y quiere sacar nuestra mejor versión. Una feel good movie de manual que cumple sin problemas con su misión principal, y está muy bien que así lo haga. No pretende cambiar el mundo, solo darnos un punto de vista distinto sobre estos personajes que muchas veces encasillamos en la sociedad sin pensar nunca qué hay detrás, cuáles son sus historias.
Juega sobre seguro porque cuenta con un brillante reparto liderado por Antonio Resines, Quim Gutiérrez, Megan Montaner y la propia Marta González de Vega. Hay algo que transmiten todos ellos, además del talento que tienen, y es que se lo han pasado muy bien rodando la película. Esa sensación se traslada desde la pantalla a la audiencia y nos ayuda a empatizar todavía más con sus personajes y con el carismático grupo de secundarios que, además, también cuentan con un nutrido grupo de cameos y apariciones especiales que, como poco, nos sacarán una sonrisa.

Le falta algo de personalidad
Lo que hizo memorable Campeones fue su arrolladora personalidad propia. Su falta de miedo a la hora de, inicialmente, ofender al espectador para luego explicarle lo que estaba sucediendo sin demasiados discursos. Aquí tampoco hay muchos discursos, pero no tiene la frescura de aquella ni la fuerza en la dirección de Javier Fesser. Todo lo que nos cuenta, que está bien contado, carece de identidad propia. Le falta arriesgarse un poco, lanzarse a la piscina y ver qué sucede.
En su lugar, prefiere caminar por aguas más calmadas y conocidas, lo que también hace que parte del humor no sea tan irreverente como quizá debería. Es una película blanca, de buen corazón, y por eso también funciona, pero podía funcionar mejor. Como también podía funcionar mejor la historia de amor o el desenlace. Quizá es lo de menos. Santiago Segura está detrás del proyecto, y nunca podremos negarle el talento que ha demostrado con los años para saber lo que el público quiere ver. Una película que satisface a la audiencia y que nos hace pasar un buen rato.
Te gustará si te gustó…
Creo que hemos dejado ya claro que Campeones es su espejo en el que mirarse, aunque quizá esté más cerca de Campeonex.
Jesús Usero
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Crítica de Haciendo amigos



