Crítica de He-Man y los Masters del Universo ★★★½☆ (2026): Mejor de lo esperado.

Crítica de He-Man y los Masters del Universo

Crítica de He-Man y los Masters del Universo, película dirigida por Travis Knight con Nicholas Galitzine, Camila Mendes y Alison Brie.

Es la mejor película posible que podían hacer con los difíciles elementos de la franquicia.

Ser fiel al material de origen —figuras de acción nacidas como un eco del éxito en ese mercado de las figuras de Star Wars en la competencia juguetera a finales de los setenta— y, al mismo tiempo, conseguir que la propuesta sea viable para todo tipo de público décadas más tarde, no solo para los adultos nostálgicos que en algún momento jugaron con esos personajes, vieron la serie animada e incluso pueden haberse unido al ejército de coleccionistas que pueden llegar a pagar un dineral para atrapar los sueños de la infancia pasada contenidos en un pedazo de plástico, era difícil. Muy difícil. Y lo sabemos todos porque muchas otras franquicias lo han intentado, incluso en fecha reciente, y no les ha salido la jugada.

Acción con personalidad

Así que, en lo positivo, se puede felicitar a los responsables de esta película por haber sacado adelante un entretenimiento de cartelera veraniega muy viable, para toda la familia, y que manifiesta personalidad propia frente al material que maneja. Lo hace tirando del socorrido recurso de la autoparodia e incluso manteniendo una cierta capacidad de añadir a la propuesta una reflexión temática sobre el conflicto de la masculinidad que atraviesa la ficción audiovisual anglosajona en nuestros días.

El otro acierto de la película es que sus momentos de acción están bien dirigidos y coreografiados, y están bien trabajados en relación con los personajes que los habitan. Lo están en cuanto a la manera de explotar las posibilidades de las figuras de acción de las que parten, otorgándoles una identidad diferenciada y respetuosa con el material de origen y la experiencia de los aficionados con él, tanto si lo manejaron en su infancia como juguetes como si los mantienen hoy entre sus piezas de coleccionista.

Ejemplo de ello son los personajes de Trap Jaw, el tipo de la mandíbula de acero, que se cotiza de 34,90 a 67,90 euros, o Beast Man, el peludo antagonista que en su figura más clásica cotiza entre los 29,50 y los 35,29 euros en el mercado de figuras vintage, aunque obviamente el estreno de la película ha propiciado que se lance un nuevo modelo acomodado a la versión del personaje en ella.
Es una muestra de interés y afecto hacia el material que manejan por parte de los creadores de la película que hayan tenido en cuenta, quizá sacando de su propia memoria, o no, cómo se manejaban esos antagonistas en los juegos infantiles y los puntos fuertes de atractivo que tienen para jugadores y coleccionistas a la hora de coreografiar, pensar y definir visualmente las secuencias de acción de este largometraje, que además no son repetitivas, sino que están diferenciadas entre sí, del principio al final.

Nada de eso sería posible sin Nicholas Galitzine. Quizá la opción menos obvia para interpretar a Adam, se convierte en el alma de la película. Es ingenuo, infantil, patoso, cómico… Pero, cuando llega el momento de convertirse en He-Man, todo en él cambia. Sabe tener un encanto particular con Adam y ser el héroe que todos esperamos con He-Man. Todo un acierto que sorprenderá a muchos y que, además, encuentra apoyo en el reparto de secundarios, con nombres maravillosos como Alison Brie, Idris Elba, Camila Mendes o Morena Baccarin, sin dejar de lado la imponente presencia del Skeletor de Jared Leto.

Crítica de He-Man y los Masters del Universo

Confusión de la masculinidad y tornaviaje del héroe

Dicho todo lo anterior, en lo referido al recurso de la autoparodia, hay cierto abuso, hasta el punto de perder su fuerza por repetición. Aunque está bien marcar las distancias de partida en lo referido a las características más disparatadas de la propuesta en el material de base, ese no debería ser el único recurso para manejar los personajes. Y realmente no lo es.

Entra al rescate, en ese sentido, el tema de la confusión de la masculinidad, de rabiosa actualidad en el audiovisual de nuestros días y posiblemente no tanto en el mundo real que nos rodea. Se refleja, siempre asociado a la autoparodia, no solo en el personaje del protagonista, Adam, en perpetua lucha por establecer su humanidad desde la comedia frente a la imposible imagen icónica del hipermusculado He-Man, y relacionado con esa espada astutamente tratada a modo de pretexto —un macguffin estilo Hitchcock en toda regla— de carácter fálico, que además materializa la desesperada necesidad de pertenencia y aceptación que arrastra el príncipe de Eternia como parte esencial de su recorrido existencial en esta fábula. Una fábula que, dicho sea de paso, en su conjunto presenta un tono más ochentero que noventero, afortunadamente.

Hay que hacer notar, por otro lado, cómo todo el desarrollo del argumento parece estar buscando continuamente confrontar los arquetipos y el esquema del viaje del héroe propuesto por Joseph Campbell, trabajándolos a la inversa y creando así una especie de tornaviaje del héroe. Un viaje de vuelta, no de ida.

Más interesante es cómo se manifiesta esa confusión de la masculinidad como tema de reflexión en el personaje del principal antagonista, un Skeletor que, para entendernos, viene a ser el Darth Vader de esta franquicia. En su abordaje, diálogo y movimientos ha quedado huella del trabajo de reinterpretación del personaje original de Jared Leto incluso bajo toda la parafernalia que lo acompaña, sustentando una ambigüedad sexual con pinceladas homoeróticas en sus diálogos a la hora de describir al héroe, al tiempo que manifiesta su propia vulnerabilidad en el conflicto de pertenencia y aceptación.

Crítica de He-Man y los Masters del Universo

Otra película que surge demasiado tarde

En lo referido al ritmo, en su tercer acto la película presenta, no obstante, un problema de ritmo y exceso de metraje tal y como finalmente se nos presenta la propuesta, pero al mismo tiempo abre una puerta alternativa interesante al desarrollo de la misma.

La incorporación del tratamiento en secuencia de montaje que parece querer cerrar una sinergia entre el mundo real y el mundo de fantasía —muy ochentera, como he comentado más arriba—, que me ha recordado a Todo a la vez en todas partes, manifiesta cierta reticencia de los creadores de la película a separarse de ese recurso de autoparodia llevándolo hasta el límite con la incorporación de Skeletor a la ecuación. Surge ahí una ruptura con lo que nos han contado hasta ese momento, pero que al mismo tiempo descubre otra película dentro de la película demasiado tarde en el metraje, en un tono que podríamos referenciar también en el territorio de la confusión de realidad y ficción al estilo de la miniserie televisiva WandaVision.

Hay potencial en ese material que merecería haber sido explorado e incorporado antes en el argumento para reforzar la segunda parte del segundo acto y todo el tercer acto.

Miguel Juan Payán

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Crítica de He-Man y los Masters del Universo

Miguel Juan Payán
Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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