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Crítica de La hermanastra fea, película dirigida por Emilie Blichfeldt y protagonizada por Lea Myren, Thea Sofie Loch Næss y Ane Dahl Torp.
Un cuento de hadas que corrompe la historia de Cenicienta para hablarnos de temas muy actuales.
¿De qué va La hermanastra fea?
Una retorcida y perversa versión del cuento de Cenicienta. En una tierra de cuento de hadas, Elvira sueña con encontrarse con el príncipe y casarse con él. Su madre acaba uniéndose en matrimonio con un viudo que tiene una hija preciosa. Cuando él fallece y la hija queda al cargo de su madrastra, Elvira hará lo que sea por estar a la altura de la belleza de Cenicienta, en un mundo en el que el negocio de la belleza es brutal y despiadado.
Una historia actual contada desde la fantasía.
No es la primera vez que alguien toma un cuento clásico y decide pervertirlo a su antojo, cambiando cosas —para bien o para mal—, dándole un nuevo envoltorio o haciendo que los antaño héroes sean ahora villanos. De Cenicienta hemos tenido no pocas versiones, incluso ambientadas en la actualidad, pero pocas con la inteligencia y la profundidad de esta película noruega que se ha ganado el corazón de los aficionados al cine fantástico.

Y todo de la mano de una debutante en el largometraje, Emilie Blichfeldt, quien tiene un futuro más que prometedor si sigue por este camino. Lo que ha hecho la directora y guionista es tomar el cuento original, sus personajes y sus momentos imprescindibles —todo lo que conocemos— y, por un lado, hacer a sus personajes mucho más reales: desde Cenicienta hasta las hermanastras, pasando por el príncipe o la madrastra. Son personas con defectos y virtudes, a las que podemos entender en uno u otro momento de la historia sin problemas.
Por otro lado, utiliza ese mundo de cuento de hadas medieval para hablar de temas muy relevantes en la actualidad, aprovechando la sátira y el humor negro para hacerlo. Como si fuese una buena alumna de La sustancia.
Lea Myren está fantástica como la protagonista de la película, pero hay un problema con ella: es cualquier cosa menos la hermanastra fea. Y, si bien es cierto que, según llegamos al final de la película, entendemos ciertas cosas, el arranque nos hace plantearnos muchas preguntas que adquieren sentido cuando observamos la presión a la que se ve sometida la protagonista. Aun así, hay aspectos que no son sencillos de asimilar.
A su lado, magnífica también Thea Sofie Loch Næss como Agnes —Cenicienta—, un personaje que no es tan perfecto como nos decían en el cuento.

Un estilo visual atractivo para una película con personalidad
Con ecos quizá de películas como El baño del diablo y su horror folk, la película goza de un maravilloso estilo visual, una estética muy cuidada y escenas para enmarcar. No se decanta por el gore, pero sí por momentos que nos harán apartar la vista de la pantalla, porque atacan a miedos primarios o resultan repugnantes —la escena que lleva al final, el tema de las pestañas…—.
Todo encaja en esta sátira llena de humor negro donde todos los protagonistas, o casi todos, resultan un poco despreciables. Por ejemplo, la propia Cenicienta tiene momentos terribles, mientras que su hermanastra vive instantes de redención. Todo sirve para explicarnos cómo la belleza es un negocio en el que las mujeres pagan más de lo que deberían —y no hablamos de dinero— por la tiranía de la estética.
Es cierto que hay varios momentos que producen vergüenza ajena y otros en los que la película no se lanza de lleno a la piscina —lo que sorprende en contraste con ciertas escenas—. Pero, en líneas generales, la película es todo un acierto.
Jesús Usero
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Crítica La hermanastra fea



