Crítica de Paper Tiger ★★★★½☆ (2026) Magistral y asfixiante drama criminal

Crítica de Paper Tiger, película dirigida por James Gray con Adam Driver, Scarlett Johansson, Miles Teller y Cindy Katz

Una fascinante resurrección del mejor cine norteamericano de los años 70 con el nivel del James Gray de La noche es nuestra

Por si quedaba alguna duda, ahora sí que podemos decir abiertamente que James Gray es el último gran cineasta clásico. Yo, desde luego, no soy capaz de recordar una recuperación tan embriagada de absolutamente todas las claves y detalles del mejor noir criminal de los años 70 sin que esto suponga, o bien una revolución de las mismas, o bien el homenaje reverencial a un tipo de cine que, al asumirse como extinto, ya adquiere un aire demasiado nostálgico. Sin embargo, Paper Tiger se desvela como la brillante constatación de que ese tipo de cine, en toda su mítica grandeza, todavía es posible.

Esta historia mínima acerca de dos hermanos —uno perteneciente a la clase obrera de Queens y otro un expolicía reconvertido en exitoso empresario— que deciden escalar juntos la traicionera y empinada montaña del sueño americano, y terminan aplastados, no solo recuerda en todos sus mimbres al maravilloso cine de Sidney Lumet o William Friedkin; parece que los ha resucitado, que su procedencia no se encuentra en esta tercera década del siglo XXI, sino en una escapada en el DeLorean a los fatalistas años del exquisito nuevo cine americano de la que, al parecer, se ha sustraído una de sus joyas perdidas.

Crítica de Paper Tiger

La genuina cámara de un James Gray totalmente poseído por alguna de las más grandes deidades del cine consigue la proeza de que lo ya visto —e incluso lo predecible, por qué no decirlo— se sienta nuevo, fresco, vívido, actual y rabiosamente moderno sin que haya que recurrir a las vueltas de tuerca. Desde el primer hasta el último segundo de esta violentísima y angustiosa odisea criminal entre mafiosos rusos y otras bestias del capitalismo, todo rezuma autenticidad cinematográfica. Cada plano y cada secuencia conforman una golosina casi imposible de creer de lo perfecta que resulta; plagada de una cantidad de detalles de composición tan exacerbada que evidencian el motivo de partir de una base tan aseada. Si la complejidad milimétrica de su puesta en escena tuviera que convivir con un entramado más enrevesado, posiblemente se enfrentaría a una cuestión moral como artista: emprender el sinuoso camino de la ambición de Michael Cimino o Francis Ford Coppola. Y el director de minúsculas obras maestras como Two Loversparece curado de esos espantos tras la incomprensión sufrida hacia sus no menos magistrales Z, la ciudad perdida y Ad Astra.

Valiente o no, Gray ha elegido un camino autoral de pleno control demiúrgico sobre el acabado completo de su artesanía. Un poder con el que es capaz de desafiarse a sí mismo ordenando las piezas a su antojo para crear nuevas partituras resonantes entre sí. Por ejemplo, nunca habíamos visto una entrega tan evidente por su parte a la dimensión terrorífica a la hora de tratar la descomposición de los lazos familiares horizontales entre pistolas y corrupción —escenas como la visita nocturna de Teller y sus hijos a los rusos o la invasión doméstica cortan la respiración—.

Nada tienen que ver los planteamientos ni la ejecución de sus hermanas de género y de nivel, La otra cara del crimen y La noche es nuestra, con el resultado estético ni emocional de Paper Tiger, a pesar de pisar sobre pilares comunes y guiñarse el ojo complacientemente en secuencias de apoteósico brío como ese regreso a los maizales que ya transitasen Joaquin Phoenix y Mark Wahlberg.

Actores a los que, por cierto, ni siquiera tenemos que echar de menos gracias al contagio en el casting de la misma mímesis temporal. Adam Driver recuerda al mejor Pacino en un papel que es ya cima de su carrera, y Miles Teller da varios pasos al frente invocando el patetismo del Dustin Hoffman de Perros de paja. Dos comparativas menos exageradas de lo que parecen con las que el nervio del filme siempre se mantiene en las cotas adecuadas de fiereza dramática, ante las que el espectador solo puede quedarse absorto. Únicamente el histerismo de una Scarlett Johansson pasada de rosca, en una subtrama convenientemente añadida para reforzar allí donde el guion no ha sabido llegar, separa a Paper Tiger de un resultado tan redondo que asustaría. Ya que, a priori, los fantasmas no existen.

Miguel Ángel Espelosín

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Miguel Ángel Espelosin
Amante del audiovisual cultivado entre las páginas de Acción y coleccionista de físico. Con la mirada siempre puesta en el cine de festivales y autores

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