Crónica desde Cannes 2026 con críticas de Dora, Moulin, Another Day y Hope: July Jung, László Nemes, Jeanne Herry y Na Hong-jin, a examen.
Cannes 2026 avanza entre promesas autorales, decepciones monumentales y hallazgos interpretativos. La jornada del 17 de mayo deja cuatro títulos a concurso con resultados desiguales: Dora, el hipnótico pero excesivo drama de July Jung; Moulin, la vistosa mirada de László Nemes a Jean Moulin; Another Day, con una chispeante Adèle Exarchopoulos; y Hope, el ambicioso desastre de ciencia ficción de Na Hong-jin.
Dora, de July Jung ★★★☆☆
La nueva película de la directora coreana July Jung es un estudio de personajes hipnótico, aunque definitivamente alargado mucho más de la cuenta, en relación con las máscaras de mentiras en las que los adultos encerramos nuestros propios demonios. Como método infalible para abrir las cáscaras sociales en las que nos hemos convertido y traer a la luz esa degradación, la autora nos sitúa junto a la Dora que da título a la película, una joven enfermiza física y psicológicamente que encontrará la mejoría a su estado crónico en el descontaminado entorno rural. Sin saber que los tentáculos depresivos que la atormentaban no se corresponden con la inclemencia de la ciudad, sino con la debilidad de la carne.
Arrancando como un desconcertante coming of age de dinámicas extrañas y sobreexposición verbal, la cinta nos muestra el camino inverso de reparación creciente de la muchacha, en yuxtaposición al descubrimiento paulatino de las grietas y heridas de aquellos en los que ha confiado su felicidad. A partir de aquí, el relato muta en tragedia romántica con una adquisición de efectistas tintes opresivos sobre su protagonista, una persona tan pura en sus actos que, sin quererlo, convierte su reflejo en insoportable para casi todo aquel que la rodea.
Únicamente una de las figuras de la película, concretamente la más ajena a la cultura asiática, parece librarse de la cosecha crítica a la que Jung parece someter a toda la sociedad en este relato decididamente contundente y tierno, pero absolutamente pesimista con respecto a cualquier esperanza correctora, donde huir parece la única solución. Ya podría no habérselo pensado tanto.

Moulin, de László Nemes ★★★☆☆
No todos los días se asiste a una proyección en 35 mm en el Festival de Cannes. Este esplendoroso formato de celuloide era la chuchería con la que el director László Nemes nos ha terminado de engatusar para su película sobre la encomiable determinación frente al horror del líder revolucionario de la Francia ocupada, Jean Moulin.
Había expectación sobre el tipo de enfoque que el director húngaro de El hijo de Saúl, una cinta de una altísima revolución formal para hablar del horror nazi, le hubiese podido dar a una figura poco menos que mitológica para la imaginería francófona. El resultado sorprende y decepciona por partida doble.
Moulin es una obra dividida en dos partes bien diferenciadas por su género, que orgullosamente se reconoce más interesada en el juguete fotográfico de las texturas de la película analógica. A Nemes no parece importarle demasiado que su película no empiece ni termine formulando un arco dramático más allá del retrato obnubilado del héroe mientras funcione como una reivindicación clasicista que entre bien por el ojo. Y lo consigue, pero, más allá de la entrega de un Gilles Lellouche con las tablas suficientes para aparecer en pantalla y robarnos la mirada, la cinta se diluye por el desequilibrio tonal de sus partes.
Su primera mitad ofrece una preciosista vuelta al cine de espías de los años treinta que nos hace salivar con la promesa de una adicción inesperada al polar francés. Lamentablemente, a partir de la captura de Moulin, se apodera de la cinta la representación literal —física por momentos— de esa resistencia autoproclamada, y todo resulta mucho más trillado: torturas, simulaciones de fusilamiento, un duelo intelectual entre nuestro protagonista y el jugoso coronel de la Gestapo interpretado por Lars Eidinger… Vamos, todo lo necesario para que esta reverencia llegue y emocione más al gran público que al jurado de Cannes.

Another Day, de Jeanne Herry ★★½☆☆
Viendo el gusto último por las narrativas circulares, habría que empezar a recordar que el círculo, por definición, es una figura con relleno, con contenido. Tal vez, cuando hablemos de películas como la de Jeanne Herry, debamos empezar a referirnos a estructuras circunferenciales a la hora de definir con precisión las historias construidas sobre un personaje en eterna repetición que, en el fondo, resultan un poco huecas.
Repeticiones como aquella a la que se ve abocada una Adèle Exarchopoulos que resulta pura chispa cómica como la actriz de verborreico desatino llamada Garance. Una joven parisina que vive prisionera de la vorágine alcohólica que la esclaviza a saltar de ligue en ligue, de discoteca en discoteca y de trabajo en trabajo sin perder de vista la irónica mala baba ni la copa de vino, ambas con el objetivo de mantener enterrada la tristeza que la consume. Un gran trabajo de timing interpretativo que solo encuentra en el montaje ágil y la banda sonora los compañeros de viaje capaces de seguirle el compás.
Todo lo demás, desde una trama que no va a ninguna parte hasta la tendenciosa pegatina melodramática, nunca suma a que este viaje de metraje contraproducente resulte interesante o memorable, aunque tampoco torpedea especialmente el interés por las desventuras de los Días sin huella de esta encomiable perdedora.
Another Day es un tipo de cine divertido y amable que cuesta despreciar, más aún al plantear con cierta sinceridad esas vías de escape en forma de seres humanos de pura luz, pero cuyo hábitat natural es el de la trivialidad del sofá y no la exigencia de una competición.

Hope, de Na Hong-jin ★★☆☆☆
Por fin entendemos por qué el director de El extraño ha tardado diez años en levantar su película y el motivo de que la posproducción se tornase una tortura que ahora comparte con sus espectadores. Hope es un gigantesco desastre de sci-fide tres horas en las que no cabe nada más que el apoteósico despliegue de acción reiterativa y sin frenos, rodada en grandioso scope, de unos aldeanos matándose con los alienígenas peor acabados de la historia del CGI. Todo sobre el descalabro de Na Hong-jin en la crítica. Lee la crítica completa
Miguel Ángel Espelosín
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