Crítica de Hope película dirigida por Na Hong-jin, con Hwang Jung-min, Jo In-sung, Jung Ho-yeon, Taylor Russell y Michael Fassbender.
El esperado regreso de Na Hong-jin es un absurdo dislate sci-fi de acción repetitiva y condición de prólogo.
Una cuestión de gravedad que te deja en la estacada
Todo en esta vida termina cobrando sentido. Que Na Hong-jin llevase una década intentando levantar un ambicioso proyecto sci-fi junto a Michael Fassbender y Alicia Vikander, para luego sufrir perpetuos retrasos fruto de una posproducción infernal, no cuadraba con un director que había tocado el cielo del género gracias a El extraño. Era imposible: la mente se cerraba a siquiera contemplar la posibilidad de que la sombra del desastre se cerniese sobre una conjunción tan ilusionante. Irónicamente, a la gravedad se la trae sin cuidado toda esperanza y, muy tristemente para quien esto escribe, esta Hope se confirma como una decepción de proporciones hercúleas que, además, juega cruelmente con nuestras expectativas.
El primer tercio del abultado metraje no podía invitar más al optimismo. Las reminiscencias al Spielberg de La guerra de los mundos y Tiburón, al Carpenter hawksiano de La niebla y La cosa —y, en general, a las formas de cualquier gran blockbuster setentero y ochentero— se agolpan en 50 minutos en los que no hay espacio para respirar. El descubrimiento de un animal muerto por parte de un jefe de policía y un grupo de cazadores da paso inmediatamente a una larguísima persecución de la criatura responsable por el pueblo de Hope Harbour, mientras se siembra el caos y se amontonan los cadáveres. Un ejercicio soberbio de dilatación de la tensión, apuntalado por el asombroso uso del formato scope que Na Hong-jin hace durante toda la cinta, modelando la imagen en torno a la épica y celebrando abiertamente lo genuino de la experiencia cinematográfica en salas.

Dos tercios de majadería poco inspirada
¿Qué bien suena, verdad? Sí, a mí también me parecía imposible lo que acontece una vez que se pone toda la carne en el asador dejando ver al objeto de tanto caos. Lo que sigue a la incomprensión es el dislate de un diseño pobrísimo y una de las ejecuciones más torpes de la historia del CGI. De pronto, todo empieza a chirriar, a perder el sentido del ritmo y el mimo en la planificación, y a repetir, para sumo desconcierto, exactamente el mismo tipo de secuencias que ya habíamos visto, pero peor. Acuchilladas por la grotesca inserción del monstruo en movimiento y una fusión tonal que, esta vez, lejos de traer la tan sabida frescura coreana, asesina la narrativa.
Una y otra vez asistimos a los mismos movimientos de cámara, al mismo uso del ralentí, al mismo enfoque de una acción sin ideas estirada durante 160 minutos. Es exactamente ahí cuando el aburrimiento nos hace percatarnos de algo aún peor: de que esta ensordecedora lluvia de tiros y gore splatter, bajo una de las ediciones de sonido más impactantes que se recuerdan, nos estaba distrayendo del vacío más desvergonzado. Una nada de gran diseño de producción y horrorosa, terrible, hortera, desagradable composición del fantástico —esperad a ver a lo que se han prestado Fassbender y Vikander—; de paupérrima mitología new age, tan en la línea de Campo de batalla: la Tierra, que me lleva a la única deducción posible: Hope es desconcertantemente fallida.
Una monstruosidad que encontrará su hogar
Aunque no me cabe la menor duda de que este extraño accidente con hechuras de descarrilamiento, y al que es mejor acudir sin conocer muchos más detalles, terminará encontrando su público y la condición de culto, a mí se me hace imposible perpetuarme en el disfrute. El encomiable espíritu de serie B con el que despliega el disparate y lo incomparable de su mixtura de comedia con terror kaiju no justifican el agotamiento del que adolece ni compensan que arroje por la borda el gran trabajo inicial en busca de la trascendencia artística.
Como ipso facto nacerán algunos fans acérrimos que defiendan con vehemencia sus virtudes y la festejen en toda su singularidad, tengo para ellos una última noticia que a buen seguro recibirán con fervor: la odisea de Na Hong-jin no concluye aquí. Toda Hope se desvela «únicamente» como un enorme prólogo para lo que está por venir.
No sé, tal vez en el futuro todo termine cobrando un sentido que aún no alcanzo a vislumbrar.
Miguel Ángel Espelosín
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