Crítica de Pilion película dirigida por Harry Lighton e interpretada por Harry Melling, Alexander Skarsgård, Douglas Hodge, Lesley Sharp, Jake Shears, Matt Hill y Nick Figgis.
Harry Melling y Alexander Skarsgård protagonizan un inquietante drama sobre deseo, sumisión y relaciones tóxicas.
¿De qué va Pilion?
Colin (Harry Melling) es un joven homosexual al que le cuesta encontrar pareja, y desplegar su necesidad de amar y ser amado. El chico ayuda a su padre en un coro navideño, cuando conoce a Roy (Alexander Skarsgård): un motorista callado y carente de cualquier signo de debilidad. Colin se obsesiona con el físico exuberante del misterioso Roy, y no duda en mantener un breve encuentro sexual con él; acto que sucede de manera torpe en un callejón oscuro. Desde entonces, el joven cantante se somete a las exigencias afectivas de su amante, quien le impone todo tipo de vejaciones. Una situación que amenaza con destruir psicológicamente al sumiso Colin.
Crítica de Pilion
El cineasta Harry Lighton debuta como director de largometrajes con Pilion, adaptación de la novela Box Hill, de Adam Mars-Jones; y lo hace con un estilo personal y verosímil. Lighton acomete la historia como si se tratara de una relación desequilibrada desde el principio, en la que se nota la falta de un mínimo de ternura o comprensión por parte del rocoso Roy, hacia el esperanzado e incauto Colin.
El arranque del film, con la escena de un motorista encuerado que adelanta el coche simple y monótono de Colin, ya indica al espectador que está en el inicio de un viaje extraño y atrayente desde el punto de vista audiovisual e introspectivo. A esto ayuda la técnica casi publicitaria que utiliza Lighton, para reclamar la atención sobre el encuentro fugaz que dará pie a la historia. La escasez de palabras e incluso de gestos adquiere una contundencia dramática cortante y efectiva, cuando Roy y Colin toman contacto amatorio por primera vez. El desequilibrio existente entre el imponente y marmóreo Roy y el acomplejado y tímido Colin sitúa la trama en una especie de dominación sadomasoquista, en la que se confunden los afectos sinceros y los malos tratos de crueldad inapelable.
Con semejantes coordenadas artísticas, Harry Melling y Alexander Skarsgård realizan sendas interpretaciones sin medias tintas, en la piel de Colin y Roy. Ambos se entregan sin reservas a la escenificación de un guion asfixiante y agresivo, en el que subyace el poso de un sometimiento absoluto, que recuerda ligeramente a la relación malsana y clasista que mantenían James Fox y Dirk Bogarde, en El sirviente, de Joseph Losey.
Melling consigue retratar a Colin con un aroma de sufridor consciente, al que parece atraerle la posibilidad de que sus parejas se aprovechen de sus vulnerabilidades; mientras que Skarsgård construye una caracterización ajena a cualquier síntoma de debilidad, al que le cuesta en exceso comportarse bien con el desconcertante de Colin, como si le diera miedo enamorarse del joven.
Sin desvíos innecesarios del foco argumental, Harry Lighton elabora una desangelada película de amargura medioambiental, en la que la opresiva atmósfera contribuye a generar el efecto de terror que transmite la relación tóxica que experimentan Colin y Troy.
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Pilion podría calificarse como la versión más atrevida y sin censuras de Cincuenta sombras de Grey; aunque también se pueden atisbar similitudes psicológicas con El sirviente, de Joseph Losey.
Jesús Martín
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