Crítica de Relay, película dirigida por David Mackenzie y protagonizada por Riz Ahmed, Lily James y Sam Worthington.
thriller con aroma a película de los ochenta y noventa del siglo XX
¿De qué va Relay?
Sarah Grant (Lily James) trabaja en una empresa a punto de ser absorbida por una gran firma que cotiza en bolsa. La joven está contenta con su labor en la implementación de un maíz capaz de mejorar las prestaciones alimenticias de la población, pero su motivación profesional se viene abajo frente a los terribles efectos secundarios que genera el citado producto. Tras comunicárselo a sus superiores, Sarah es primero trasladada a otro departamento para, finalmente, ser despedida.
La científica sale de la empresa con un dosier informativo sobre lo que ocultan sus jefes; carpeta que, al cabo del tiempo, desea entregar a sus perseguidores. Perdida en un laberinto de incertidumbres, Sarah recurre a Ash (Riz Ahmed) para que la proteja, y ambos preparan un encuentro con el director de la industria infractora.
Crítica de Relay
David Mackenzie elabora un thriller con aroma a película de los ochenta y noventa del siglo XX —aunque aderezada con los componentes tecnológicos habituales—. La intención del cineasta escocés es encomiable, sobre todo por la cada vez más rara presencia en la cartelera de este tipo de películas; pero se ve lastrada por un planteamiento poco sorpresivo, una conspiración bastante simple y un ritmo narrativo que no permite explotar la tensión que se palpa a lo largo del relato.

Mackenzie apuesta el grueso del argumento a la química y al afecto que nace inesperadamente entre los dos protagonistas (Sarah y Ash); sin embargo, la frialdad conceptual de la historia y la opaca caracterización de los personajes —los cuales se ven en muy contadas ocasiones— impiden que se sienta el trasfondo de una relación amorosa con visos de cuajar a base de confesiones en la sombra.
Pese a que Lily James y Riz Ahmed cumplen con las exigencias del guion, la actitud rocosa y casi mimética de Ash —el héroe callado y escurridizo al que interpreta Riz Ahmed— choca, sin encajar del todo, con la artificiosa actitud vulnerable de la científica en fuga, a la que caracteriza Lily James. Esta discordancia entre los protagonistas se ve aliviada por la incorporación del enemigo a batir: el duro y cínico Dawson (Sam Worthington), quien sí se muestra verosímil en sus acciones agresivas, muy en consonancia con los roles de matones —muchos de ellos antiguos policías— que trabajan en asuntos de seguridad para las grandes corporaciones empresariales en EE. UU.
Mientras en décadas pasadas la espectacularidad de las persecuciones y las revelaciones impactantes solían estar muy presentes en los thrillers más señeros, Relay se complace en quedarse en un plano mucho más discreto, sin causar en ningún momento un sincero sentimiento de perturbación por las injusticias expuestas.
No obstante, y con independencia del tono grisáceo adoptado, Mackenzie sí se guarda un as en la manga que únicamente descubre en la resolución del misterio. Un giro que podría haber añadido un plus de intensidad a la cinta, pero que se desinfla frente a la trivial escenificación que utiliza el cineasta, motivado en parte por la rocosa psicología del papel de Ash.

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Hay elementos en Relay que, con personajes más pasionales, podrían conectar la movie de Mackenzie con El especialista (el largometraje con llamadas telefónicas de dos rombos que protagonizaron Sylvester Stallone y Sharon Stone, en 1994); aunque también hay similitudes con Enemigo público (Tony Scott, 1998) y La tapadera (Sydney Pollack, 1993).
Jesús Martín
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