Crítica de Shelter El protector, película dirigida por Ric Roman Waugh, con Jason Statham, Bill Nighy, Naomi Ackie y Daniel Mays.
Mejor que las últimas de Statham, pero, finalmente, más de lo mismo.
Esta película ya la he visto… muchas veces.
Shelter: El protector es una película sólida de intriga, más que de acción, y por ese camino mejora las propuestas de acción y solo acción —con poco o nulo desarrollo de cualquier otra cosa— que viene protagonizando Jason Statham en los últimos tiempos. Lo que ocurre es que no hay nada nuevo bajo el sol.
Es una película que ya hemos visto varias veces; en el territorio de la acción está mejor dosificada que en otros largometrajes del actor, pero, cuando entra en el territorio de la intriga, empieza mejor de lo que se desarrolla. Y, en el desarrollo de ese aspecto del suspense, tampoco depara grandes sorpresas. Simplemente es funcional, eficaz, para pasar el rato, pero, finalmente, víctima de lo previsible.

Dicho más claro: esta película la he visto varias veces con distintos títulos en los últimos diez años. Tanto es así que en la distribuidora española han tenido que añadir el Shelter al título para no acabar confundiéndonos con El protector, un neowestern de 2021 protagonizado por Liam Neeson, actor que, por otra parte, tiene una película con muchas claves similares a las que aquí se nos plantean: En tierra de santos y pecadores (2023), que, en esencia y en lo básico, viene a contarnos algo más o menos similar: la redención del hombre violento desde la perpetración de más violencia, con la diferencia —enorme— de que Neeson es mejor actor que Statham cuando no toca dedicarse exclusivamente a repartir guantazos.
Pero lo más disparatado es que, ya desde el título, no es nada difícil —incluso para los espectadores más refractarios a ponerse a pensar— advertir que Statham lleva haciendo la misma película, con ligeras variantes, desde hace dos o tres temporadas. Incluso los títulos de los estrenos en España presumen de ello. A las pruebas me remito: en 2013 estrenó El protector (Homefront); en 2024, Beekeeper El protector; y, cambiando de título, A Working Man (2025) viene a ser más o menos lo mismo.

¿Intriga o guantazos? He ahí el dilema.
La película tiene mimbres para desarrollarse como una propuesta interesante de intriga, pero tampoco por ahí llega a sacarle todo el fruto a sus posibilidades, o, por lo menos, no al nivel de las mejores muestras de esa trama de corrupción institucional y servicios secretos, que podemos encontrarnos mucho mejor servida en cuanto a medir los tiempos y elaborar diabólicos guiones repletos de giros en dos producciones televisivas británicas protagonizadas por Suranne Jones: Vigil: Conspiración nuclear (2021) y Rehén (2025).
El director Ric Roman Waugh, cuya carrera navega en la especialización de fusiones de intriga con acción —pero siempre dejando que la acción acabe poniéndose por encima de la intriga, como sucede en Shelter: El protector—, consigue ponerse con este trabajo a un nivel más cercano al que sigue siendo su mejor película hasta el momento, Maestro del crimen (2017), pero, al final, se deja arrastrar hacia la explosión de la acción como motivo principal y primario de lo que empieza siendo, aparentemente, algo más sólido e interesante. Algo que ya le ocurrió con El mensajero (Snitch) (2013), como esta, un intento de que su protagonista, Dwayne Johnson —afincado en el cine de acción por la acción—, pudiera tener opciones de mostrar cualidades como actor. Statham es mejor que Johnson en ese terreno, pero, en Shelter: El protector, no tarda en volver a las andadas y entregarse al guantazo, la carrera, las patadas y los tiroteos para sacar adelante su personaje en el segundo y tercer acto.
Miguel Juan Payán
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Crítica de Shelter El protector



