Crítica de Un gran viaje atrevido y maravilloso, película dirigida por Kogonada y protagonizada por Margot Robbie, Colin Farrell y Phoebe Waller-Bridge.
Una película romántica llena de fantasía, para seguidores del género, con una brillante pareja protagonista.
De qué va Un gran viaje atrevido y maravilloso
David se dirige a una boda a bordo de un viejo coche provisto de un peculiar sistema de GPS. Allí conocerá a Sarah, una mujer con la que conectará y con la que se embarcará en un viaje imprevisto, guiados por el GPS, que los llevará a conocerse aún mejor y a descubrir lo que podría depararles el futuro, aunque para ello deberán enfrentarse al pasado…
Una historia de amor única y original
Decía hace no mucho —a raíz del estreno de otra película romántica como es Materialistas— que, cuando creemos que el género romántico o de comedia romántica está agotado, llega una película que nos sorprende. Materialistas lo hacía con su mirada realista, y Un gran viaje atrevido y maravilloso lo hace por su empleo de la fantasía. Sin grandes aspavientos ni exageraciones. El elemento fantástico es clave y le da personalidad a la película, ayudando a que avance la historia. Sin esas “puertas” que nos presenta, la narración no existiría. Pero, al mismo tiempo, lo que se esconde tras ellas no es nada extraño ni excesivo: es parte de quiénes son los personajes.

En ese sentido, tuve la sensación, al ver la película, de que es casi una aproximación en imagen real al tipo de anime que Makoto Shinkai nos ofrece habitualmente. Kogonada —un director que nos deslumbró con Columbus y Despidiendo a Yang— nos trae aquí su película más comercial, sin duda, pero no por ello menos disfrutable. Un viaje para románticos empedernidos que no solo cuenta una historia a través de hechos y palabras, sino también a través de lo visual, de su brillante uso de colores, de la luz y de la vida que transmiten sus imágenes. La película juega con todo eso y más…
Porque su reparto hace que todo lo demás funcione. La química entre Colin Farrell y Margot Robbie es palpable y magnífica. Si nos embarcamos en este viaje único y disparatado es gracias a ellos y a la profundidad que le otorgan a su historia, inicialmente bastante sencilla. Nombres como Phoebe Waller-Bridge, Kevin Kline, Lily Rabe, Hamish Linklater o Billy Magnussen se suman a esta fiesta por momentos hilarante. Aunque es cierto que muchas veces casi parecen cameos y que, de algunos personajes, nos gustaría saber más o, al menos, pasar más tiempo con ellos.

Visualmente absorbente, divertida y con personalidad
El relato tiene la suficiente personalidad para que, aunque no escape de algunos clichés del género, la película sea emotiva, efectiva, divertida y con mucho carácter. Tanto que a parte de la audiencia le resultará extraña, excesiva y sin gracia. Pero si la película consigue atraparte, no te suelta durante todo su metraje y te permite ser parte de este viaje único, vibrante, emotivo y conmovedor. Incluso aunque sepamos cómo va a terminar la historia —o podamos imaginarlo—, la película tiene la fuerza suficiente como para llevarnos todo el camino de la mano y permitirnos soñar junto a sus protagonistas…
Claro que, si uno es cínico por naturaleza, le costará más entrar en ese juego. Aunque tenga un maravilloso uso del color, aunque trate de ser distinta, aunque tenga alma de cuento de hadas desde el inicio, la película depende de la predisposición del espectador para saltar con los personajes y creer en lo que representan realmente esas puertas que cruzan. Kogonada demuestra que no solo es muy bueno a la hora de contar una historia en imágenes, sino también a la hora de crear sueños. Y así nos llega esta historia concebida para románticos irredentos.
Jesús Usero
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Crítica de Un gran viaje atrevido y maravilloso



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