Crítica de Angelo en el bosque misterioso, película dirigida por Alexis Ducord y Vincent Paronnaud.
Una película visualmente impresionante, con una historia llena de magia para toda la familia.
De qué va Angelo en el bosque misterioso
Angelo es un niño con una imaginación desbordante que le sirve para lidiar con su día a día, especialmente con su hermano mayor, que siempre se mete con él. Cuando su abuela —una persona importantísima para él— enferme, toda la familia emprenderá un viaje para visitarla. Pero sus padres se olvidan de él en una parada, por lo que Angelo deberá emprender un viaje a través de un bosque mágico para llegar a casa de su abuela e intentar salvarla.
No sorprende, pero brilla en lo que hace
El cine de animación ha abordado muchos temas y ha llevado sus fronteras un paso más allá, sobre todo si nos referimos al cine de animación familiar. De la mano de productoras como Pixar, se han analizado —en clave familiar— asuntos para todo el mundo, algunos realmente complejos. DreamWorks —gracias a Dean DeBlois, por ejemplo— también ha jugado esa baza con la trilogía Cómo entrenar a tu dragón o la reciente El robot salvaje, con la que esta película tiene algún que otro paralelismo. Angelo en el bosque misterioso quiere hacer algo parecido y lo consigue en gran medida.

Quizá la animación en Europa esté, en muchos casos, años por detrás de lo que llega de Hollywood, y no hablo del nivel visual, sino de sus guiones, argumentos, personajes y diálogos. Pasan por las carteleras un sinfín de películas de ese estilo cada año y ninguna —o casi ninguna— llama la atención de la audiencia. Hablo de cine familiar, ojo. Y siempre hay excepciones, por supuesto. Esta película francesa es una de esas excepciones a la regla que sorprenden y están muy bien hilvanadas, que presentan personajes maravillosos y muestran mucho talento detrás de las cámaras.
Por ejemplo, la mezcla de estilos visuales —del 2D al 3D con ese estilo tan peculiar, pasando por momentos incluso en blanco y negro— conquista visualmente al espectador y lo lleva por el sendero que busca, hablando de los temas que conciernen a la película: la familia —y la familia que elegimos—, el medio ambiente o la esperanza. Todo ello con un tono de aventuras sensacional y un humor, muchas veces, descabellado —casi siempre efectivo—, no siempre dedicado a los más pequeños. Hay mucho para los padres y adultos que acompañen a los niños en este fantástico viaje.

Fantasía desbordante con ecos ecologistas
Aunque la trama principal hace referencia a la búsqueda del camino a casa y al intento por salvar a la abuela, hay muchos elementos de ecologismo y lucha por el medio ambiente. Los personajes intentan salvar el bosque de la invasión del villano —un personaje tan hilarante como el resto de habitantes del bosque—, que incluyen a una ardilla que quiere ser pájaro, un ogro metido a agente inmobiliario, unas hormigas rojas muy peleonas o el propio espíritu del bosque. Lleno de colorido y con una aventura casi sin freno… Cuando digo «casi sin freno» es porque hay un momento en el que la película pierde un poco el ritmo…
También es cierto que, en el tramo final, la película puede optar entre ser Disney o Pixar, y escoge el primer camino. El sencillo, el menos complicado y arriesgado, el que deja a todos más contentos, en lugar de profundizar en los temas que propone. Es una lástima, porque ese pasito adelante habría hecho que la película brillase todavía más. Es un viaje excelente, lleno de fantasía y aventura, pero se queda a un paso de la gloria. Por lo demás, una gran película de aventuras para toda la familia.
Jesús Usero
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