Crítica Hamburgo película dirigida por Lino Escalera y protagonizada por Jaime Lorente, Ioana Bugaron, Manolo Caro y Roger Casamajor.
Lino Escalera elabora un intenso thriller con personajes al límite.
¿De qué va Hamburgo?
Germán (Jaime Lorente) empieza a trabajar como conductor en un negocio de prostitución en clubs de carretera. El joven ha sido aceptado por recomendación de su mentor y amigo, Cacho (Roger Casamajor); pero el resto de la organización criminal no confía en él. Durante el primer viaje que le encomiendan, el nuevo chófer conoce a Alina (Ioana Bugarin), una chica rumana que es obligada a trabajar como prostituta. Entre Germán y Alina surge una especie de conexión afectiva, que culminará cuando el chico roba una sustanciosa cantidad de dinero a los proxenetas que le han dado trabajo.
Crítica Hamburgo
La sordidez medioambiental y la desilusión colectiva son dos de los engranajes principales que alimentan el argumento de este oscuro thriller, dirigido con pulso nervioso por Lino Escalera. El ajustado relato sitúa la acción en una Costa del Sol que alberga siniestros negocios de tratas de blancas, donde la posibilidad de escapar es una quimera de resolución laberíntica.
En medio de ese escenario de violencia y desamparo, Germán –el protagonista- aparece como un elemento extraño, al que le quema todo lo relacionado con el mundo de las drogas y el sexo por dinero. Lino Escalera construye el papel del callado conductor, que interpreta con solvencia Jaime Lorente, como un recurso humano al que la desesperada Alina se puede agarrar; ya que es el único que muestra algunas fisuras con respecto a la deshumanización que domina el tenebroso local de alterne en el que esta tiene que acostarse con los individuos más variopintos.
Existen pocos puntos de fuga en la trama de Hamburgo, donde incluso el título de la película es una ilusión que se desvanece rápidamente, y que no guarda mucha relación con la ciudad portuaria teutona a la que alude.

Con semejante material de derribo emocional, Escalera concibe una historia a tres bandas, en las que se sitúan Germán (con sus sueños de dejar atrás el pasado), Alina (quien espera regresar a su país o quedarse en una tierra de nadie, sin que los hombres la fuercen a tener sexo) y Cacho (el hombre que protege a Germán, y que se erige como un padre en la sombra del citado chófer). Este triángulo dota de dramatismo verosímil a un guion que siempre intenta ir más allá de lo establecido por la razón, como si se tratara de una tragedia de William Shakespeare, en la que la condenación es la norma.
Hamburgo destila desde el inicio un poso de nostalgia, que se transmite a los fotogramas como una enfermedad endémica, que impide a los personajes reaccionar contra el destino inevitable de sus existencias truncadas.

Unas simples pinceladas le sirven a Lino Escalera para dibujar la amargura y el cansancio de Germán, emociones a las que Jaime Lorente les otorga unos rasgos reconocibles de desamparo y neurosis. En sus manos, incluso la traición a su amigo presenta un sesgo de ilusiones perdidas, que impregna el mensaje desconcertante del film.
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Los thrillers cargados de violencia agresiva, en los que es casi imposible encontrar un mínimo de tranquilidad sentimental.
Jesús Martín
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