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Crítica John Wick 4 ★★★★★ (2023) con Keanu Reeves

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Crítica John Wick 4 película dirigida por Chad Stahelski con Keanu Reeves, Rina Sawayama, Bill Skarsgård, Donnie Yen

La mejor de toda la saga. Capilla Sixtina del cine de acción.

Ninguna otra saga puede superar a las cuatro películas de John Wick que con esta cuarta entrega que ahora se estrena pone el listón muy alto a todos sus imitadores. La saga, y la cuarta película, lo tiene todo, y todo bien puesto, con un guion suficientemente sólido y consciente de su propia naturaleza como para servir fielmente como base a la sucesión de secuencias de acción que constituyen el gran espectáculo de la propuesta. Pero además con una capacidad de autoparodia que demuestra que los creadores de este producto de evasión y entrenamiento, puro cine de atracciones llevado al máximo de su calidad y rendimiento como tal, saben perfectamente lo que están haciendo. Disfrutan con lo que hacen, sin complejos ni postureos falsos. Y le dan al público lo que está buscando: la actualización más competente en la era moderna del antiguo pan y circo con gladiadores de la antigua Roma.

Su prólogo es ya toda una declaración de principios. Larry Fishburne declama en modo shakespeariano, oficiando como maestro de ceremonias e introductor de esta magistral ópera de la violencia para consumo del público de masas, que es el que le presta su verdadera identidad como espectáculo al cine, en un espectáculo concebido para salas de cine, una película que se sobrepone a los pactos con las plataformas de la explotación del audiovisual en modo doméstico y para ello despliega un brillante abanico de las herramientas del lenguaje cinematográfico que solo puede disfrutarse al cien por cien en pantalla grande. Un monólogo de Fishburne que se convierte automáticamente a través del montaje en diálogo con unos planos donde las palabras del actor encuentran contraplano y respuesta no verbal del protagonista cuando éste golpea con el puño contra una madera como parte de su entrenamiento para lo que ha de venir.

A partir de ahí John Wick 4 cabalga -nunca mejor dicho- con firmeza, elegancia y fluidez de ritmo ejemplar a lomos de una panoplia de recursos donde se alía la autorreferencia, aplicando con gran coherencia y solidez narrativa oportunos recuerdos de las tres películas que la preceden no solo a través de elementos o personajes concretos, sino de la propia fotografía, encontrando su identidad como colofón a la saga partiendo de ese encuentro pretérito con elementos que han definido la misma.

John Wick 4

Parte de ese resumen autorreferencial incluye también la autoparodia. Por ejemplo el perro y la relación que se establece con John Wick, recordando los perros de la tercera película, su perro, y los guiños que establecen esa especie de desdoblamiento e incluso, sospecho, presentación de una variante de Wick en el personaje de Mr. Nobody (el plano de presentación de ese personaje que nos lleva a pensar que es Wick), y las reacciones del animal con su compañero humano o con uno de los antagonistas destacados. La respuesta de Wick a la pregunta de Shimazu al que da vida Hiroyuki Sanada: “Había pensado en matarlos a todos”. Y sobre todos estos guiños, la divertida y espectacular secuencia de la escalera que resume todo el espíritu de la saga al mismo tiempo que se ríe de sí misma, o ese genial plano secuencia cenital de combate en el edificio que rinde el mejor homenaje a los videojuegos que hemos visto en el cine.

En lo referido a rendir homenaje a sus fuentes de inspiración, John Wick 4 brilla en detalles como los planos de apertura de la historia en el desierto, mezcla del western y el cine de aventuras, con guiño a toda la leyenda de los nizaríes (o hashshashin) y un momento de sol y siluetas digno de la manera de proponer la épica de un Akira Kurosawa en Ran o Kagemusha), al mismo tiempo que reconoce lo mucho que le debe al cine de acción asiático, con momento de palomas al aire del maestro del tema John Woo protagonizado por Donnie Yen con la Torre Eiffel al fondo, al cine de yakuzas y al espagueti western, tanto a través de guiños musicales y visuales en el duelo como mediante el argumento asentado sobre las alianzas mutables entre los personajes, alternativamente antagonistas y aliados. A la lista hay que añadir ese guiño protagonizado por la radio en la persecución de Wick por París a un clásico del cine de acción de los años setenta, The Warriors: los amos de la noche (Walter Hill, 1979).

La película maneja un ejemplar esquema de autorreferencias y alternancia de cierre de algunos personajes y lugares clásicos de la saga con la presentación de lugares y personajes nuevos, a través de la cual John Wick 4 asume y desarrolla la ampliación del universo de ficción que comenzó a construirse desde la primera película en uno de los ejercicios más inteligentes, eficaces y logrados de construcción de franquicia. Juega así en su primera parte con gran habilidad la baza de reservarse a Wick como protagonista en plenitud en su segundo y tercer acto al mismo tiempo que pone en pantalla una estrategia de incorporación de nuevos personajes que anticipa los spin-off en cine y televisión, dejando entrever el posible futuro de la saga con personajes especulares del protagonista, como el ya citado de Mr. Nobody y el de Caine interpretado por Donnie Yen, que no por casualidad se encuentran y desencuentran continuamente en toda la trama y en la significativa secuencia de la mesa de póker, o en la escalera, proporcionando así de paso una alternancia puntual entre el protagonismo individual de Wick y el coral que beneficia el ritmo de la película, cuyas casi tres horas de duración, al contrario de lo que suele suceder con la mayoría de las películas de metraje hipertrofiado de nuestros días, no agotan al espectador, sino todo lo contrario.

John Wick 4

Por último, una pista: ojo a los colores dominantes. El rojo y el verde que se alternan como vínculo entre los personajes y reflejo de la evolución moral de los mismos frente a los dilemas que les plantea la trama, junto con el azul, y el significado de cada uno de esos colores, impone el reinado de la fotografía junto al montaje como  las herramientas de lenguaje principales que reinan en este espectacular largometraje que

Finalmente John Wick 4 tiene el mejor antagonista de toda la saga: el Marqués interpretado por Bill Skarsgard, y sigue manejando con gran astucia las referencias a distintas mitologías combinadas con el humor negro (Charon, Caronte, y su papel y desenlace), la identidad de corte satánico, mitad ángel caído cristiano y mitad Loki nórdico del propio personaje del Marqués, junto al papel de sacerdote (con comunión incluida) y el modo Odín del heraldo interpretado por Clandy Brown, o ese ascenso al “cielo” de Winston por la escalera rodeada de nieve a modo de nube.

A esto hay que añadir esa alternancia de dos mundos, con la masa de gente que sigue bailando en el enfrentamiento con Killa (un irreconocible Scott Adkins), o los coches que giran como en un círculo del infierno en la batalla con coches en plena rotonda parisina. Lo cual nos lleva nuevamente a la autorreflexión sobre su propia naturaleza como espectáculo de pan y circo para las masas que maneja con madurez y sin complejos esta película. O esa pincelada sobre la verdad oculta tras las máscaras más superficiales de nuestro tiempo que se construye sobre la secuencia de la entrega del desafío de Winston al Marqués en el museo del Louvre, sacando el máximo partido de símbolo y segunda lectura a los cuadros frente a los que se sitúan los dos personajes: La libertad guiando al pueblo, de Delacroix en el caso del Marqués, que anticipa su capacidad para autoengañarse sobre quién está haciendo la verdadera revolución en el mundo dominado por la Alta Mesa, él o Wick, y La balsa de la Medusa, de Géricault, junto al que se sitúa Winston en un momento muy cómico que parece bromear con cinismo fatalista sobre el posible destino que le espera junto a Wick. Esa secuencia encontrará corolario muy significativo en ese otro museo donde se acumulan piezas artísticas en la estación de metro en la que reina el personaje de Larry Fishburne.

Y todo esto solo es la punta del iceberg de las muchas referencias que convierten a John Wick 4 en la Capilla Sixtina del cine de acción, difícil de igualar por el momento. Lamentablemente sospecho que pasarán años antes de que volvamos a ver algo parecido.

                                                     Miguel Juan Payán

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Miguel Juan Payán
Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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