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miércoles, noviembre 30, 2022
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La forja de un campeón ★★★

Crítica La forja de un campeón

Acercamiento pintoresco a la figura de Jem Belcher: el legendario boxeador inglés de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Cuando Jem Belcher se subía al cuadrilátero, los guantes todavía no se habían puesto de moda y los combates permitían 30 segundos, en cuanto a la recuperación del contrincante más cercano a besar la lona o el barro. A caballo entre los siglos XVIII y XIX todo parecía muy diferente de la época actual. Daniel Graham viaja precisamente al tiempo pretérito en que vivió Jem Belcher, para narrar la excepcional historia de un hombre que se convirtió en el campeón más joven del deporte del ring en Inglaterra. Un traslado realizado a través de un ingenioso engranaje de raíz costumbrista.

La trama de La forja de un campeón inicia su curso cuando Jem Belcher es un niño. La relación con su abuelo (Russell Crowe), luchador en timbas locales, marca las aspiraciones del futuro púgil, a pesar de que la madre de este intenta alejarle de semejante mundo. Al crecer, Jem (Matt Hookings) se topa con el astuto preparador  Bill Warr (Ray Winstone); y con su ayuda emprende una complicada trayectoria para triunfar en el cuadrilátero. Sin embargo, la aparición del hedonista y maquiavélico Lord Rishworth (Marton Csokas) lleva a Belcher a una espiral de perdición y naufragio profesional y personal.

La forja de un campeón ★★★

David Graham se acerca a la figura de Jem Belcher desde el punto de vista de la admiración declarada, hacia un individuo cuyo nombre está esculpido con honores en la enciclopedia de la práctica pugilística. No obstante, la importancia que el deporte del ring adquiere a través del personaje protagonista provoca que el elemento de crítica social se antoje como demasiado pobre y deslucido, como tratado con una actitud carente de brillantez y de fuerza escénica.

La forja de un campeón cumple con los requisitos argumentales de las epopeyas sobre personas que consiguen superar las dificultades de un nacimiento ajeno a las comodidades de las clases pudientes, pero semejante temática está expuesta de manera simplista y poco profunda. En este sentido, el papel de Lord Rushworth (el noble de naturaleza mefistofélica, que provoca el descalabro existencial de Belcher) exhibe su pecaminoso universo con un estilo estereotipado y pobre en matices.

El guion elabora la lucha entre la bondad y la maldad, la ética y la banalidad crematística, con unos tintes morales evidentes y excesivos. Una batalla de comportamientos contrarios que entroniza la concepción del boxeo como arte de talante humanista, en el que subyace un anhelo de pureza fuera de cualquier duda alejada del ring, que recuerda a la mantenida en Rocky y Cinderella Man.

Debido a estas motivaciones artísticas, Daniel Graham delega la pegada de la película a la figura de Jem Belcher, y a su táctica carente de subterfugios para triunfar en el cuadrilátero. Este asunto es el más importante en la trama, pese a que los aspectos sentimentales no funcionan en la misma medida. El rol de Ray Winstone nunca alcanza las cotas emocionales de Mickey, en la saga de Rocky;  y la madre del protagonista tampoco atesora la carga dramática de la comprensiva Adrian (la esposa de Rocky), por ejemplo.

No obstante, La forja de un campeón sí cumple con su misión de exhibir los primeros pasos del boxeo como deporte, en una Inglaterra donde las peleas empezaban a tener un iniciático hálito de profesionalidad reconocida.

Jesús Martín

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Jesús Martín
Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación

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