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lunes, abril 22, 2024
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Crítica La zona de interés ★★★★★ (2024)

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Crítica La zona de interés película dirigida por Jonathan Glazer con Sandra Hüller, Christian Friedel, Ralph Herforth, Max Beck

Candidata tempranera a ser una de las diez mejores películas del año.

De qué va La zona de interés

Rudolf Höss, comandante del campo de exterminio nazi de Auswitchz, y su esposa, Hedwig, se crean un hogar acomodado y feliz en torno al muro que los separa del horror genocida.

El monstruo que podemos llevar dentro

En esta película Jonathan Glazer, que ya jugó su carta de salirse de lo corriente con sus largometrajes Sexy Beast (2000) y Under the Skin (2013), consigue adaptar la novela de Martin Amis al cine con una demoledora eficacia en su viaje hacia el mal y el horror.

Nos sitúa en un punto de vista poco común a las películas que abordan el genocidio antisemita perpetrado por los nazis: desde el punto de vista de los verdugos, del monstruo, dejando a las víctimas fuera de campo, pero no por ello menos presentes en segundo término, a través de esas chimeneas que lanzan incesantemente humo, y sobre todo a través de una herramienta esencial del lenguaje, el sonido.

Siguiendo la pista a las más anodinas vivencias cotidianas del jefe del campo de exterminio y su esposa con un tono de hiperrealismo, el director nos enfrenta a una pasmosa cotidianidad que cursa en intriga y tensión creciente precisamente por nuestro conocimiento de aquello que no nos muestra visualmente pero sí podemos intuir no solo por el despliegue sonoro que los protagonistas han conseguido silenciar para seguir viviendo una vida de hedonismo e idealización de valores artificiosos, sino por la inquietante presencia de ese perro negro, mascota de la familia, que aparece por todas partes a modo de eco y recuerdo de los ladridos de los perros del campo, que junto con el incesante llanto del niño y los sueños perturbadores nos persuade de estar asistiendo al dibujo de una pesadilla materializada en el mundo real.

Glazer nos enfrenta así a un terrorífico dibujo del mal en su forma más pura, aquella que se asienta sobre una absoluta indiferencia a las consecuencias de nuestros actos, que es la materia prima sobre la que se construyen los verdaderos monstruos. En la película esa indiferencia se filtra en cada plano de minimalismo costumbrista de la película, desde el primero, con el picnic en el prado, hasta la conversación de la madre sobre cortinas y subastas, donde se resume de forma sencilla y contundente ese arribismo de las clases más modestas hacia el pináculo del poder en el nazismo, pasando por encima de los que en otro tiempo fueran sus empleadores. Un proceso que pone en su papel de protagonismo dentro de la tragedia la codicia que movió a los nazis, y que está también reflejada en el reparto de abrigos, vestidos, ropa interior de las prisioneras del campo entre las mujeres que prestan distintos servicios en la casa.

La zona de interés

Mejor que La lista de Schindler y El niño del pijama de rayas

La zona de interés, desde ese abordaje de contar el día a día de sus personajes que me ha recordado en cierto modo el ejercicio de recreación de realidad de la película de Chantal Akerman Jeanne Dielman (1975), se libera de todo artificio para desnudar en su nauseabunda pureza la brutalidad del verdugo que se posiciona en su propio mundo borrando en un ejercicio de cinismo máximo la propia existencia de sus víctimas como personas similares a él.

La película de Glazer aventaja y supera con mayor madurez antecedentes de corte más melodramático sobre el mismo asunto como los abordados por Steven Spielberg en La lista de Schindler (1993) y Mark Herman en El niño con el pijama de rayas (2008), rindiendo un tributo a las víctimas mucho más válido y práctico como invitación a la reflexión del espectador sobre el Holocausto.

El resultado es una de las películas imprescindibles del año que acabamos de estrenar.

Y una obra maestra sobre el verdadero rostro y la verdadera naturaleza del mal.

Te gustará si te gustó…

Es mejor que La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) y El niño con el pijama de rayas (Mark Herman, 2008), a las que deja en evidencia con su tratamiento hiperrealista y su minimalismo de la vida cotidiana al estilo de Jeanne Dielman (Chantal Akerman, 1975).

                                             Miguel Juan Payán

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Miguel Juan Payán
Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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