Crítica Superman película dirigida por James Gunn con David Corenswet, Rachel Brosnahan, Nicholas Hoult, Edi Gathegi
Ni novedosa ni notable: repetitiva y aprobada por los pelos.
El Superman de James Gunn tiene guion y alma de TV Movie o de un capítulo doble de serie de televisión con presupuesto de superproducción cinematográfica, pero con irregularidades de ritmo y diálogos que sonrojarían a los guionistas de la serie Smallville e incluso a algunos de las series Lois y Clark y Superman y Lois.
Ejemplo de ello: la entrevista con Lois en modo sitcom que impone un frenazo e ritmo y abre una puerta a otra manera de entender la relación entre ambos personajes que luego no lleva a ningún sitio, la visualmente plana charla de Clark y su padre y los duelos verbales de Superman y Luthor repletos de verborrea tópica sin nada nuevo que contar y con poco contenido.
Banalidad posmodernista
Si al menos Gunn se hubiera puesto al nivel de El escuadrón suicida o se hubiera acercado algo a su primera película de Guardianes de la Galaxia, pero queda claramente por debajo de ambas en un Superman que se le resiste, repitiendo lo que le ocurriera en 2006 a Bryan Singer cuando abandonó la franquicia de los mutantes de Marvel en la que había dirigido las mejores entregas de esa saga, X-Men y X-Men 2, para abordar una fallida Superman Returns.

Este Superman no tan nuevo como algunos críticos pretenden es un ejemplo perfecto de la banalidad posmoderna que domina el llamado poscine de nuestros días, donde la supuesta sorpresa utilizada como revulsivo de la fórmula que se aborda no es tal, es solo una pose promocional sin base real, aunque se promocione como la culminación de una revolucionaria otredad que en realidad resulta totalmente repetitiva, domesticada y prefabricada.
Gunn esgrime unos ramalazos de extravagancia cuidadosamente dosificada y sorprendentemente descafeinada cuando la comparamos con otras de las criaturas que suelen poblar sus fábulas de superhéroes y supervillanos, dulcificando el absurdo transgresor que había utilizado como herramienta de contestación a lo normativo con más competencia y mejores resultados en su cine precedente.
A estas alturas la fórmula de tomar distancia del tema o personaje icónico que se aborda para hacer guiños, citas, chistes y alusiones varias, e incluso caer en la parodia, está pasada de moda, caducada, es más de lo mismo y se ha convertido en lo contrario de aquello que fuera en un principio, neutralizando su capacidad transgresora de la norma.
El distanciamiento ya solo parece denunciar el desapego de los cineastas frente al material con el que trabajan, quizá porque les parezca poco apto para demostrar su talento, o un reto para poner a prueba la originalidad de su estilo. Son como turistas desdeñosos de la mitología de aquello con lo que trabajan y al mismo tiempo quieren ser más originales que nadie a la hora de trabajarlo, para lo cual caen en la trampa de reformarlo a su capricho y preferencia o simplemente lo desactivan para convertirlo en otra cosa.

Fallo en la iconografía
Este Superman de Gunn tiene todos los síntomas de esa preocupante patología que podríamos diagnosticar como auténtica pandemia en el último cine de superhéroes: fallo en la iconografía. En la lectura e interpretación del simbolismo de la narratividad intrínseca de Superman equivoca su significado.
En ese sentido sorprende que Gunn haya ignorado o dilapidado con tanta tozudez el tono de poesía nublada de soledad, ocaso, existencialismo y melancolía que hacen de uno de los comics que el propio director señala como una de sus inspiraciones para esta película, All-Star Superman, de Grant Morrison y Frank Quitely, una obra maestra en viñetas, impregnada de un respeto a la grandeza del personaje y su significado para varias generaciones de lectores que la película no posee ni llega siquiera a rozar en ningún momento.
Gunn sustituye esa épica de ocaso y nostalgia, homenajeada solo en un bucólico plano/guiño posterior a los créditos finales, para levantar una trama de superhéroe bastante bidimensional rodeado de gadgets y superamigos cuyo principal tema parece ser el perverso y destructivo poder de las fake news. Monta asi un a ratos entretenido y a ratos repetitivo y algo cansino circo colorista y trepidante privado de la poética y la épica cinematográfica que sí estaba presente en el Superman de Richard Donner y Christopher Reeve, la cual intenta convocar en falso tirando de ecos del himno de John Williams.
En la puesta en escena a James Gunn le esquiva también la épica de Zack Snyder en El hombre de acero, mientras en guión y también visualmente desconfigura la mitología original del personaje contradiciendo sus orígenes y desnudando de peso y contenido a los padres naturales y adoptivos de Superman o convirtiendo a su prima en un cameo/chiste de última hora tan privado de gracia como la mayoría de los que dispersa por su película.
Eso sí, le otorga un inexplicable papel al perro Krypto por encima del protagonismo de casi cualquier otro personaje que rodea a su Superman en esta deshilvanada e irregular fábula, la cual no parece tener los mimbres para servir como cimiento y base para edificar una nueva mitología alternativa realmente novedosa del célebre superhéroe.
La trampa de lo anecdótico
En Superman Gunn vuelve a caer en la trampa de lo anecdótico que siempre acecha en su cine, en la tentación del encadenado de anécdotas y momentos que no logra integrar en una continuidad sólida -salvo en el caso de las aventuras del super perro Krypto-, de manera que la contribución de Hawkgirl y el Green Lantern Guy Gardner se quedan casi en seudo cameos venidos arriba, sin aporte dramático y narrativo sólido al conjunto de la trama y operando como figurantes de lujo en las secuencias de batalla. En esencia nada demasiado diferente de lo que por ejemplo se le criticara en su momento a la película de Black Adam protagonizada por Dwayne Johnson.
Y la manera de resolver el callejón sin salida argumental del conflicto de su Superman frente a un Lex Luthor interpretado por Nicholas Hoult en modo de puro tópico aquejado de un ataque de verborrea con un puntito de sobreactuación, es un deus ex machina bastante traído por los pelos en torno a Eve Teschmacher (Sara Sampaio) y Jimmy Olsen (Skyler Gisondo), puro truco, un conejo sacado de la chistera.
De todo ello escapan mejor de lo previsto un David Corenswet que compone un Superman operativo y hasta correcto para lo que le piden el director y la película tal como está concebida, aunque no supere en ningún momento los precedentes de Christopher Reeve y Henry Cavill, y una Rachel Brosnahan tan competente y con tan poco guion que la respalde que incluso consigue que le perdonemos a su Lois Lane que ponga a prueba nuestra suspensión de la incredulidad en la escena que sigue a la frase de Mr. Terrific “es totalmente intuitivo”.
Miguel Juan Payán
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Crítica Superman



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