Crónica desde Cannes 2026, 15 de mayo

Crónica desde Cannes 2026 con las críticas de Atonement, All of a Sudden, Gentle Monster y Colony: Hamaguchi deslumbra, Van Dyk sorprende y Yeon Sang-ho decepciona.

La jornada del 15 de mayo en Cannes 2026 dejó uno de esos contrastes que definen un festival: mientras Ryûsuke Hamaguchi irrumpe con All of a Sudden como indiscutible candidata a la Palma de Oro, Reed Van Dyk confirma en Atonement una voz a seguir y Yeon Sang-ho tropieza con una Colony incapaz de estar a la altura de sus referentes.

Atonement de Reed Van Dyk ★★★½☆

«Lo que la gente no entiende es que, cuando empuñas un arma y disparas, la bala irá en dos direcciones». Esta poderosísima máxima, que en cierto momento emite una marine veterana, desnuda el tema que recorre la muy notable ópera prima de Reed Van Dyk: un contundente, aunque algo convencional, drama antibelicista, más humanista que político, obsesionado con extraer con la cámara aquello para lo que aún no existe un lenguaje preciso. Un soldado desesperado por encontrar la expiación, la familia marcada de por vida por sus errores y el reportero de guerra que aúna sus caminos articulan la búsqueda del perdón en forma de tríptico óptico, desde el que Van Dyk pretende alejarse de las doctrinas de la ética superflua para, a lo En el valle de Elah, reflexionar sobre la verdadera extensión de las heridas y cómo encontrar algo, lo que sea, que palie el dolor.

Afortunadamente desprovista de aspavientos y respirando la autenticidad del mejor cine de autor americano, un material volátil que fácilmente podría caer en la desvirtuación del concepto de víctima o en algún sobado pulpitismo maniqueo aquí se vive como un descarnado viaje al corazón de lo irremediable. Uno en el que el pulso firme de una cámara, que prefiere honrar la labor periodística de observar en vez de juzgar, y la impresionante entrega interpretativa de Boyd Holbrook —en el mejor papel de su carrera—, Hiam Abbass y Kenneth Branagh se ocupan de guiar la mirada del espectador solo hacia el volcán emocional y un estupendo final que refleja fielmente el leve y bello patetismo de pasar página.

Crónica desde Cannes 2026

All of a Sudden de Ryûsuke Hamaguchi ★★★★★

Si la nueva obra maestra de Hamaguchi nos reclama desesperadamente a reconectar con lo que es mejor para nuestro futuro, no podemos desdeñar que, una vez vista, este mundo no puede permitirse perderse un tiempo venidero en el que All of a Sudden no sea Palma de Oro del Festival de Cannes. Todo un terremoto cinematográfico del que os hablamos largo y tendido en su propia crítica. Lee la crítica completa

Crónica desde Cannes 2026

Gentle Monster de Marie Kreutzer ★★☆☆☆

Sabemos de sobra que la actriz Léa Seydoux es una fuerza de la naturaleza capaz de sostener sobre sus hombros absolutamente todo lo que le echen. Un comodín todoterreno útil para taparle las vergüenzas tanto al blockbuster hollywoodiense con licencia para matar como a las propuestas de autor menos inspiradas. A esto parece haberse encomendado Marie Kreutzer para colar en competición un telefilme austriaco en torno al concepto de lo difícil que se nos hace juzgar nuestros monstruos con respecto a los ajenos.

Gentle Monster pretende trasladarnos a la pesadilla psicológica de una madre y artista que descubre que su marido, y padre de un hijo en común, está siendo investigado por posesión de pornografía infantil. Un tema de poderoso calado automático que aquí evidencia una sonrojante ausencia de sustrato más allá de la sonora alarma. Tanto que Kreutzer no puede evitar prolongarse durante dos horas de vueltas en círculos, en busca a tientas del petróleo oculto bajo la gélida formalidad, la cual nunca denota haber perdido esa frescura para retorcer la puesta en escena de la directora de Sisi, la emperatriz rebelde, pero donde el agrado visual no trasciende lo sugerente y termina recurriendo al viejo truco del trampantojo cronológico con la esperanza de remover tripas asqueando sin pudor.

Como resultado, nos vemos castigados con aún más indecisión narrativa y superfluos vaivenes tonales: del trasunto de sobremesa de La sombra de una duda a un drama asimétrico de dos mujeres, expuesto a partir de la subtrama protagonizada por la detective de policía, que podría apuntar a ¿los peligros de la masculinidad? si no fuese porque atufa de lejos a lamentable y tardío apuntalamiento de un núcleo que se sabe algo peor que vacío para una cuestión tan grave: indiferente.

Crónica desde Cannes 2026

Colony de Yeon Sang-ho ★½☆☆☆

Si ahora mismo saltase la noticia de que Train to Busan fue una película robada, incluso sin pruebas sólidas, me vería tristemente obligado a darle credibilidad. Mis evidencias propias se basan en lo incomprensiblemente alejadas que se encuentran de esa maravillosa oda al horror sin frenos su desastrosa secuela, Península, y este sucedáneo fúngico, donde se sustituye horizontalidad por verticalidad, dinamismo por torpeza y, asombrosamente, no se aprovecha ninguna de sus referencias, desde el Carpenter de Asalto al distrito 13 hasta el Romero de Dawn of the Dead, optando por el mero reciclaje —y autorreciclaje— en forma de artefacto insípido.

Como me pasó con Zack Snyder y su escuadrón mercenario en Las Vegas, me parece todo un triunfo negativo lograr convertir un concepto tan esencialmente gamberro como el del Río Bravo zombificado en un aparato de aburrimiento. Hay que ponerle demasiadas ganas en la dirección equivocada e ignorar el sinfín de ideas maliciosas que de forma inherente te ofrece un género cuya alma es toda una caja de arena, para volver otra vez al body counting arbitrario de los mismos arquetipos de cartulina, a la amenaza biotecnológica de chichinabo o al concepto manido de las mentes colmena, cuando ni te molestas en transformarlo en terrorífica imaginería más allá del contorsionismo circense. Pero, a pesar de todo, Colony lo consigue.

Incluso podría llegar a aceptarle el desdén hacia la lógica emocional de unos personajes que entran y salen del relato sin ton ni son, siempre que, a cambio, el contrapeso festivo se entregase a la marranada desvergonzada. Pues ni esa pequeña concesión nos hace Yeon Sang-ho, que, después de una primera media hora de construcción formalmente terrible —con un uso extraño y excesivo de encadenados de travellings—, pero dramáticamente aceptable, considera oportuno dejarse la hemoglobina en casa y optar por ¡esquivar! toda truculenta carnicería de nuevo en favor de la acción en piloto automático.

No me explico cómo, pero, desde que el propio Cannes lo aupase hace una década en otra midnight season, este director parece haber contraído el espeluznante virus de la mediocridad.

Miguel Ángel Espelosín

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Crítica de The Punisher: One Last Kill

Miguel Ángel Espelosin
Amante del audiovisual cultivado entre las páginas de Acción y coleccionista de físico. Con la mirada siempre puesta en el cine de festivales y autores

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