Crónica desde Cannes 2026: 20 de mayo

Crónica desde Cannes con críticas de DiamondNotre salut y The Man I Love: Andy García tropieza con el noir, Ira Sachs emociona y Emmanuelle Marre se pierde en Vichy.

Cannes deja una jornada de contrastes: Andy García regresa a la dirección con Diamond, un noir anacrónico que prometía más de lo que ofrece; Emmanuelle Marre se adentra en la Francia colaboracionista con la farragosa Notre salut; e Ira Sachs firma con The Man I Love una delicada y contenida mirada al amor, la enfermedad y el deseo en el Nueva York queer de los años 80.

Diamond de Andy García ★½☆☆☆

¿Un noir en Los Ángeles contemporáneo dirigido y protagonizado por Andy García en modo investigador anacrónico? Menudo placer paródico prometía ser la película con la que el actor cubano volvía a ponerse tras la cámara más de dos décadas después. Joe Diamond, un detective privado tan old school que desayuna whisky, conduce un coche de los años 30 y siempre tiene el chascarrillo perfecto ante cualquier ataque verbal, es contratado por una viuda para resolver el asesinato de su marido, uno de los peces gordos de la ciudad. Puro Chinatown, vamos.

El problema es que Diamond se queda en una fiesta de disfraces realmente cara, donde los puntos básicos del manual del noir californiano clásico son pisados uno tras otro de la peor forma posible. Tenemos al omnipresente policía corrupto —un Brendan Fraser perdidísimo—, la femme fatale, la dama que puede ver el alma rota del detective, el ritmo de jazz, los ricos manipuladores, el forense cachondo y el barman confesor; todos y cada uno pertenecientes a una película distinta y maniatados para que intenten funcionar a pesar del choque de sus aristas. Al final, parece un desfile grueso de los amigos de García, a cada cual más divertido —eso es cierto—, pero sin ninguna relevancia más allá del placer de poner en pantalla a gente como Bill Murray o Dustin Hoffman.

La puesta en escena de producto directo a plataforma tampoco colabora a aupar este pobre homenaje, en el que todo suena plastificado, desde el horroroso romance hasta una investigación a golpe de conveniencia, salvo cuando deja de tomarse en serio a sí misma y abraza intermitentemente su condición de patochada nostálgica. Para rematar, esta pobre reivindicación del héroe analógico en el mundo digital termina disparando una terrible última bala infantil que la sitúa en el más absoluto de los ridículos. Voy a por un trago.

Crónica desde Cannes 2026

Notre salut de Emmanuelle Marre ★★★☆☆

Irónicamente, lo único en lo que Notre salut, una película centrada en el intelectual que ayudó a construir la Francia colaboracionista de Vichy, tiene alguna trascendencia es como fiel retrato de lo que hicieron los franceses durante la Segunda Guerra Mundial: hablar, hablar, hablar y seguir hablando mientras los nazis zarandeaban su país y los pisoteaban.

Si últimamente se está recurriendo a los paralelismos del dominio fascista para hablar del mundo actual, esta cinta con la que Emmanuelle Marre adapta las memorias de su propio bisabuelo es uno de sus más farragosos y ombliguistas ejemplos. Amparado en la soberbia fotografía preciosista de Oliver Boonjing —con ecos del trabajo de Pablo Larraín en Spencer—, el hinchado retrato sobre un hombre que se defendía como patriota, pero cuyos actos para su país terminaron desvelándolo como un oportunista de libro, adolece del mismo lánguido nervio que posee sentarse a mirar un álbum de fotografías antiguas. Todo terror palpable en sus actos de confraternización superviviente con los monstruos —como esa genial secuencia de baile ridículo— se diluye entre larguísimos discursos huecos y un uso soporífero de la voz en off, en el que la lectura de la correspondencia real se recibe con la gracilidad de un obús de tanque.

Tampoco la esquiva representación del fracaso de su vida matrimonial, principio y final de lo que busca compensar retorciendo la Administración pública, parece interesada en ofrecer algún signo de emoción. Esta mirada crítica intrafamiliar a un hombre de su tiempo —título en inglés— tiene lo necesario para marcar la diferencia, pero vive tan sumida en la feliz seguridad de su impronta intelectual que cae en el más insoportable de los aburrimientos.

Solo en momentos donde el terremoto de los acontecimientos históricos agita el letargo narrativo aparece algo de fuerza con la que reengancharte a su denuncia. Para entonces, la monotonía formal de la directora y los 155 minutos con los que nos tortura ya nos han absorbido la vida igual que Henri Marre a su propio pueblo.

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The Man I Love de Ira Sachs ★★★½☆

Qué bonita y qué delicada es la nueva película de Ira Sachs. El director neoyorquino explora el ambiente queer de los años 80 en su ciudad con una cinta contenida en todos los aspectos, desde su ínfimo metraje hasta unos personajes que conviven íntimamente con sus demonios. The Man I Love es otro paso en su depuración formal, hecha para ser paladeada con paciencia, plagada de momentos dolorosamente deliciosos y donde siempre se prefiere la elegancia de la imagen a verbalizar con diálogos superfluos el proceso de desvanecimiento de un enfermo de sida frente a su familia y amantes.

Rami Malek ofrece el mejor papel de su carrera como Jimmy, un individuo que rechaza el papel de víctima frente a la enfermedad para buscar un último baile artístico y romántico con el que sentirse completo. Siempre esquivando el melodrama —de hecho, nunca mencionan la afección directamente y la película empieza sin contexto alguno—, el poder del gesto te desgarra lentamente mientras observas cómo un ser cuya comunicación empieza y termina en el arte, demostrado en escenas tan maravillosas como la de la boda o la reunión musical del piso, se hunde paulatinamente. En respuesta, intenta compensar la incapacidad creciente para memorizar las líneas de su nueva obra lanzándose a un affaire espontáneo con un recién llegado vecino. Una relación destinada a la extinción desde el principio y explicada en una magnífica secuencia de cuerpos desnudos bailantes como el fugaz deseo frente a la conexión de ternura y cuidados que mantiene con el personaje de Tom Sturridge.

Únicamente el uso algo desconcertante del ramal familiar conformado por Rebecca Hall y Ebon Moss-Bachrach, y la tan habitual tendencia en la filmografía de Sachs a no permitirse expandir su arte a cotas más ambiciosas por miedo a romper la fragilidad, evitan que The Man I Love pase de ser otra de sus pequeñas joyas de orfebrería en los angostos universos del West Side a imborrable pieza generacional LGTBI sobre una luz que se apaga.

Miguel Ángel Espelosín

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Crónica desde Cannes 2026

Miguel Ángel Espelosin
Amante del audiovisual cultivado entre las páginas de Acción y coleccionista de físico. Con la mirada siempre puesta en el cine de festivales y autores

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