Repaso a la carrera como director de James Cameron

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Repaso a la carrera como director de James Cameron: de Terminator y Aliens: el regreso a Titanic y Avatar, con claves de su éxito, tecnología y taquilla hasta Avatar: fuego y ceniza.

Con motivo del estreno de Avatar: fuego y ceniza vamos a realizar un repaso a la carrera como director de James Cameron. Una trayectoria repleta de éxitos en taquilla, secuelas más que dignas, aventuras marinas y, sobre todo, la aplicación más inteligente de la tecnología y los avances en la forma de concebir las películas.

Nacido en la localidad de Kapuskasing, Ontario, el 16 de agosto de 1954, a los diecisiete años se mudó a California, Estados Unidos. James Cameron ha desempeñado numerosas ocupaciones a lo largo de su carrera, tales como director, productor, guionista, técnico en efectos especiales, montador, buceador y adalid de las nuevas tecnologías en efectos especiales…

Sin duda, se trata de un nombre relevante en el cine actual, sobre todo si tenemos en cuenta que, además de su trayectoria, ha ganado tres premios Óscar y ha logrado convertirse en el segundo director más taquillero de la historia.

Antes de dedicarse a las labores de dirección, Cameron se empapó bien de las técnicas de la industria y trabajó como técnico de efectos especiales en conocidos títulos del cine fantástico como Los siete magníficos del espacio (1980), de Jimmy Murakami; 1997: rescate en Nueva York (1981), de John Carpenter; o La galaxia del terror (1981), de Bruce D. Clark.

Anteriormente ya había hecho sus pinitos en la realización con el cortometraje de doce minutos Xenogenesis (1978), protagonizado por William Wisher Jr. y Margaret Umbel, que interpretan a dos supervivientes de la humanidad que viajan en una gigantesca nave espacial buscando un nuevo planeta en el que vivir.

Y, sin más dilación, vamos a echarle un vistazo a las películas que ha dirigido Cameron hasta la fecha, sin incluir entregas futuras de la franquicia Avatar —cuyo porvenir depende del comportamiento en taquilla de la última entrega— ni los documentales subacuáticos a los que el director canadiense es tan aficionado.

Repaso a la carrera como director de James Cameron

Piraña II: los vampiros del mar (1981)

Debut como director de James Cameron y secuela de Piraña (1978), de Joe Dante. Como no podía ser de otra manera con el director canadiense, la acción se trasladaba al mar y, como una vuelta de tuerca más, los simpáticos peces devoradores eran ahora capaces de volar gracias a una mutación genética, por lo que resultaban aún más peligrosos al no estar limitados al agua como en la primera entrega.

James Cameron se encargaba en un principio de los efectos especiales y Miller Drake debía ser el director de la película. Sin embargo, el productor Ovidio G. Assonitis despidió a Drake poco antes de que comenzara el rodaje y Cameron se hizo con el papel de director, aunque luego tendría sus más y sus menos con el productor italiano.

No es una de las películas de las que Cameron esté más orgulloso y el rodaje estuvo plagado de dificultades, con un equipo técnico compuesto en su mayoría por italianos que no sabían inglés. Para más inri, Assonitis no le dejó participar en la fase de montaje de la película y, años después, Cameron realizaría su propio montaje del director en 1988, con quince minutos menos.

La película fue protagonizada por un reparto de actores poco conocidos como Tricia O’Neil, Steve Marachuck, Ricky Paull Goldin y Lance Henriksen, con el que Cameron volvería a coincidir en dos de sus títulos míticos: Terminator y Aliens: el regreso.

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Terminator (1984)

El título que catapultó la carrera de Cameron como director se inició con una pesadilla del realizador mientras estaba en Roma durante el estreno de Piraña II: los vampiros del mar. En dicha pesadilla, Cameron vio a un robot esquelético surgiendo de una pared de fuego.

La película también sirvió para afianzar la carrera de Arnold Schwarzenegger como protagonista. De hecho, el rodaje de Terminator se retrasó debido al compromiso del actor austriaco con Conan el destructor (1984), de Richard Fleischer, en la que todavía estaba trabajando.

Curiosamente, en un principio Schwarzenegger iba a interpretar el papel del luchador del futuro Kyle Reese, mientras que el del ciborg asesino de Skynet debía recaer en Lance Henriksen. Cameron llegó incluso a realizar una ilustración con el actor como el T-800, pistola en mano y con la mitad de la cara destrozada, mostrando el cráneo metálico debajo.

Los productores querían que el robot asesino del futuro fuera interpretado por O. J. Simpson e incluso tuvieron la peregrina idea de asignarle un perrito robot como acompañante. Skynet dedicada a las mascotas… eso habría estado curioso.

Cameron logró convencer a Schwarzenegger de que era mejor que interpretara en su lugar al villano robótico. La envergadura del austriaco no habría hecho creíble su lucha desesperada con un Henriksen mucho más escuálido.

Y, aunque el actor austriaco estuvo reacio al principio con el cambio —ya que hasta entonces solo había interpretado a los buenos—, acabó ganando con él, puesto que la película fue un éxito que logró recaudar 78 millones de dólares en la taquilla mundial.

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Aliens: el regreso (1986)

Cameron era uno de los pocos directores capaces de realizar una secuela de Alien, el octavo pasajero (1979), de Ridley Scott, que no palideciera ante la magnífica primera entrega.

El primer contacto de Cameron con el proyecto, conocido entonces como Alien II, fue escribir en apenas tres días un borrador del guion de 42 páginas en el que seguía una de las indicaciones de los productores, que recomendaba unir a la superviviente de la primera entrega, Ellen Ripley, con un grupo de soldados espaciales.

El éxito de Terminator le garantizó a Cameron participar en el proyecto y, tras cambiar el título por el de Aliens, logró entregar a la productora el guion final poco antes de que comenzara una huelga de guionistas.

Las malas lenguas aseguran que el director tuvo varios conflictos con los técnicos y trabajadores de los estudios Pinewood de Londres, donde se rodó la película. Dichos decorados se utilizarían después para representar la fábrica de productos Axis del Batman (1989), de Tim Burton.

Con un presupuesto de 18,5 millones de dólares, la película logró recaudar 131 millones en la taquilla mundial, afianzando aún más la carrera como director de Cameron.

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Abyss (1989)

El mar y lo que hay debajo de él siempre ha sido una de las debilidades de James Cameron y en esta película dio rienda suelta a sus pasiones subacuáticas.

El 40 % del rodaje de la película se llevó a cabo bajo el agua, por lo que los miembros del reparto y del equipo tuvieron que pasar por un cursillo de buceo. La filmación, además, se prolongó a lo largo de 140 días.

A Cameron se le ocurrió la historia durante el rodaje de Aliens: el regreso, cuando vio un reportaje en la revista National Geographic sobre unos trabajadores submarinos. También recuperó una vieja historia suya sobre unos científicos que trabajan en el fondo del mar.

Con un presupuesto inicial de 43 millones de dólares, que según algunas fuentes se acabó elevando primero hasta los 55 y luego hasta los 70 millones, la película solo recaudó 90 millones en la taquilla mundial, por lo que es considerada el primer tropiezo comercial en la carrera de Cameron.

La película cuenta con un montaje del director con escenas nuevas en las que se puede ver cómo los alienígenas amenazan a las principales ciudades del mundo con unas olas gigantescas paralizadas ominosamente sobre ellas. El palo y la zanahoria, ya saben.

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Terminator 2: el juicio final (1991)

Quizá se podría acusar a Cameron de ser uno de los responsables de la peligrosa escalada de los presupuestos en el cine actual, con espectaculares producciones que buscan arrasar en la taquilla con la única estrategia de aumentar cada vez más el dinero invertido en ellas.

Hábil experto en secuelas, Cameron afrontó la tarea de realizar una segunda parte de Terminator contando con un presupuesto cercano a los 100 millones de dólares, cifra que la convirtió en la producción más cara de su época.

Los efectos especiales corrieron a cargo de Industrial Light & Magic, la empresa fundada por George Lucas, otro de los visionarios triunfadores que ha dado Hollywood. Sin embargo, y a pesar de ser la primera película que contó con un personaje principal generado por ordenador, los efectos digitales retrasaron el calendario de producción.

Cameron solo tuvo siete semanas para escribir el guion, en el que contó con el guionista William Wisher como ayudante. Una de las primeras ideas que se barajaron consistía en que fueran dos los T-800 enviados al pasado: uno para proteger a John Connor y otro para matarlo. Naturalmente, ambos habrían sido interpretados por Schwarzenegger. Demasiada filigrana interpretativa para el de Estiria, quizás.

El riesgo del elevado presupuesto rindió sus frutos y la película logró recaudar más de 520 millones de dólares en la taquilla, convirtiéndose en la más taquillera de 1991 y sirviendo para afianzar tanto la cibernética franquicia como las respectivas carreras de Cameron y Schwarzenegger.

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Mentiras arriesgadas (1994)

La nueva colaboración del tándem Cameron-Schwarzenegger supuso una extraña mezcla de comedia y película de acción y el primer título de la empresa de efectos especiales Digital Domain, fundada por el director en 1993 junto a Stan Winston y Scott Ross, quién sabe si siguiendo los pasos de George Lucas y su Industrial Light & Magic.

Cameron volvió a subir la apuesta con los espectaculares efectos especiales y los presupuestos desorbitados, y eso a pesar de que en realidad se trataba de un remake de la película francesa de 1991 Dos espías en mi cama, dirigida por Claude Zidi y protagonizada por Thierry Lhermitte, Miou-Miou y Eddy Mitchell.

El complicado rodaje, en el que incluso se llegaron a utilizar tres aviones de combate Harrier reales, se llevó a cabo a lo largo de siete meses, aunque en esta ocasión no hizo falta un curso de buceo para el reparto, sino uno de tango para Arnold Schwarzenegger.

Se convirtió en la película más cara de aquella época, con un presupuesto cercano a los 115 millones de dólares, y logró recaudar más de 377 millones en la taquilla mundial. Otro triunfo comercial más en la lista de éxitos de Cameron.

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Titanic (1997)

La película más taquillera hasta esa fecha de la filmografía de James Cameron y la que le convirtió en un nombre conocido entre los aficionados al cine de cualquier clase y condición, gracias a su hábil movimiento de abandonar las películas de género y centrarse en una historia romántica más accesible para todo tipo de público, inmersa, eso sí, en una enorme catástrofe náutica.

De hecho, así es como Cameron les vendió la idea a los productores: como una versión de Romeo y Julieta, pero en el transatlántico Titanic, el naufragio que él consideraba el más importante de la historia. Además, Cameron montó una expedición al lugar del hundimiento para filmar el pecio, circunstancia que defendió como una buena forma de promocionar la película y, a título personal, una oportunidad magnífica de ver el lugar del siniestro en persona.

Una vez más, se volvió a elevar el presupuesto hasta los 200 millones de dólares, pero la apuesta salió pero que muy bien, logrando recaudar más de 2.200 millones en la taquilla mundial. Muchas de esas entradas vendidas eran de gente que salía de la proyección y volvía a comprar una entrada para verla de nuevo, circunstancia que no se daba desde el estreno de La guerra de las galaxias, de George Lucas, o El padrino, de Francis Ford Coppola.

Lo que nunca sabremos —y es fuente de debate y discusión perpetuas— es si Jack cabía o no en esa puerta flotante que Rose usó para salvarse del naufragio. La original utilizada en el rodaje llegó a subastarse por más de 700.000 dólares, así que quizá algún adinerado coleccionista de memorabilia cinematográfica sepa ya la respuesta.

Y aunque Kate Winslet ha asegurado recientemente que no era una puerta, sino un trozo de moldura de una escalera —claro, qué iba a decir la superviviente Rose, si no—, entre ustedes y yo, creo que sí cabía el muy lelo.

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Avatar (2009)

La aventura de Cameron con Avatar comenzó allá por 1994, año en que escribió un borrador de guion de más de 80 páginas sobre el proyecto. La idea era que el rodaje comenzara tras el estreno de Titanic.

Sin embargo, y como le pasó también a George Lucas con las precuelas de Star Wars, Cameron se vio obligado a esperar a que la tecnología avanzara lo suficiente para poder filmar correctamente su idea.

Cameron volvió a aumentar el presupuesto empleado en una película suya hasta alcanzar los 237 millones de dólares, si bien al principio el director pensaba invertir solo 100 millones y contar con apenas seis intérpretes.

La inversión dio sus frutos y logró recaudar en la taquilla mundial más de 2.900 millones de dólares, gracias sobre todo a un innovador sistema de filmación en tres dimensiones que resucitó dicha moda entre los espectadores al crear una experiencia inmersiva para ellos. El éxito de la película dio inicio a otras producciones que emplearon también el 3-D para aumentar su popularidad y, de paso, sus beneficios en taquilla.

El realizador canadiense no solo innovó en la tecnología y en los efectos especiales —en los que contó con la ayuda de la empresa fundada por Peter Jackson, Weta Digital—, sino que también creó un nuevo idioma para los alienígenas na’vi, como hizo J. R. R. Tolkien para El señor de los anillos con los elfos, que contaba con más de mil palabras, algunas de ellas aportadas por el propio Cameron.

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Avatar: el sentido del agua (2022)

El éxito alcanzado por la primera entrega llevó a James Cameron a anunciar oficialmente en el año 2010 que habría una secuela y que se estrenaría en 2014. Ya en 2006 había hablado de la posibilidad de rodar dos secuelas si la película tenía éxito. Los planes iniciales fueron modificados y se cambió la fecha de estreno de la segunda parte a diciembre de 2016, con otras dos secuelas en proyecto que se estrenarían en años sucesivos.

Sin embargo, el proceso de escritura de los guiones de las secuelas —que el realizador describió como «un trabajo complejo»— fue retrasando poco a poco los planes, alterados también por la intención de rodar todas las secuelas a la vez para abaratar costes.

Una de esas complejas tareas consistió, quizá, en eliminar cerca de diez minutos de tiroteos del montaje final, ya que el realizador se había concienciado con los años y no quería hacer fetichismo de las pistolas en la película. Se debió caer de un caballo, como Pablo de Tarso. O quizá de la moto que usaba Terminator.

James Cameron alcanzó un nuevo hito en su carrera cinematográfica en cuanto a presupuestos, llegando hasta los 460 millones de dólares con esta película, que se convirtió en una de las más caras de la historia. Logró recaudar en taquilla 2.300 millones de dólares, 600 millones menos que la entrega anterior, eso sí.

El director aprovechó su pasión por el mar para describir los océanos de Pandora. Sin embargo, muchos miembros del equipo acabaron bastante hartos del líquido elemento y, sobre todo, de rodar en él. Las exploraciones subacuáticas es lo que tienen: no todos valemos para Jacques Cousteau.

Avatar: fuego y ceniza (2025)

Aunque la pandemia de la COVID-19 provocó un alto indefinido en el rodaje en Nueva Zelanda en marzo de 2020 y se decidió trasladarlo a California, finalmente pudo retomarse en dicho país a partir de mayo, después de que la producción recibiera un permiso para extranjeros debido a que era un proyecto de «valor económico significativo». Poderoso caballero es don Dinero, como diría Quevedo.

Con un presupuesto de 400 millones de dólares, lleva recaudados 347 millones desde su estreno el 19 de diciembre. Parece que Cameron no confía demasiado en alcanzar los niveles de recaudación de sus antecesoras. De hecho, comparativamente lleva 100 millones de dólares de retraso con respecto a la anterior. Todo ello ha llevado al director a declarar que, en realidad, la historia podría acabar con esta entrega, al menos en lo que concierne al personaje de Jake Sully.

Las dos nuevas entregas, que deberían haberse estrenado en 2017 y 2018, podrán verse en cines en 2029 y 2031, respectivamente. Eso, si esta tercera entrega consigue despertar de nuevo el interés de los espectadores en el planeta Pandora y sus habitantes, en cuyo caso Cameron amenaza con hacer hasta siete películas sobre los na’vi.

En caso de descalabro en taquilla, Cameron ya tiene otros proyectos en cartera: una adaptación de Los demonios, de Joe Abercrombie; Ghost of Hiroshima, basada en el libro de Charles Pellegrino sobre el bombardeo atómico de Japón; y una nueva película de Terminator.

Aunque Pandora caiga, trabajo no le va a faltar.

Javier Juan

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