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martes, febrero 7, 2023
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Sequía de plazas para las oposiciones a superhéroe

 

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La grave depresión económica que azota al globo con extrema virulencia en la actualidad ha provocado que no quede ya una sola profesión que nos garantice ni tan siquiera el pan para subsistir. Sobran albañiles, profesores, camareros, arquitectos, e incluso superhéroes.

 

Aquellos ufanos y radiantes años ochenta, en donde un musculado superhombre de pantis azules y capa roja conocido como Superman se sobraba y bastaba él solito para defender al mundo de la devastación , quedan ya muy lejanos. No se demoró mucho la necesidad de contar con un mayor número de adalides para prestar noble servicio a la seguridad universal, y fue entonces cuando un hombre murciélago de nombre Batman decidió unirse a la magnánima causa, quedándose él solo ante el peligro, debido a la mala pata de un Superman que se vio lastrado para siempre a raíz de un aparatoso accidente al montar a caballo.

 

Sin embargo, el reinado en solitario del hombre murciélago fue de corta vida. El superhéroe con ciertas similitudes con un emo, se dedicó a las malas y sospechosas compañías, y el tándem homoerótico y festivo que se granjeó con Robin fue extremadamente criticado por una sociedad todavía demasiado conservadora. Así, a punto de caramelo el cambio de milenio, las masas se preguntaban quién les iba a salvar el trasero y fue entonces cuando se desató la hecatombe en forma de superávit de candidatos.

 

Los primeros en mostrar sus dotes como dignos paladines fueron los X-Men. La ciudadanía los recibió con calurosos vítores y así comenzaron su particular andadura.  Mayor beneplácito recibió el hombre araña –aka Spider-Man- que batió records de aplausos en todo el mundo.

 

A partir de ahí, se fueron sucediendo los intentos casi desesperados por obtener un puesto en el particular Olimpo de los hombres con superpoderes. Algunas intentonas se resolvieron con contundente solvencia (las sucesivas aventuras y desventuras de los ya citados mutantes y el hombre araña, Iron Man, así como el cacareado comeback de Batman) otras con hiriente indiferencia (Los 4 Fantásticos, El Castigador o El Motorista Fantasma) y las que menos se pegaron un sonoro batacazo (el costosísimo regreso de Superman, el obvio fracaso de los desconocidos Watchmen, los desastres perpetrados para lucir los escotes de Elektra y Catwoman o el doble traspiés de Hulk).

 

Por el medio, ha habido lugar para los galardones de relumbrón (el Oscar para la última misión de Batman) las disputas (el sonoro enfrentamiento del impertinente Edward Norton con el equipo de Hulk adquirió tal magnitud que Norton se negó a promocionar el estreno del susodicho film) los garrafales fallos de concepción (poner al frente de una película de superhéroes a Ang Lee es como colocar a Michael Bay ante un guión de Haneke) e incluso para convertir en alguna cinta de este ámbito tan mainstream en obra de culto (los fans de Daredevil consiguieron que se publicara un Director’s Cut con la verdadera visión del  director que fue record de ventas).

 

Sin embargo, en el último año, y más concretamente, en esta última época estival se han levantado las alertas (y en alguno de los casos, las ampollas) de la industria hollywoodiense. En apenas dos meses y medio desembarcaron ante las audiencias nada más y nada menos que cuatro nuevas aventuras de titanes todopoderosos (en alguno de los casos  con un margen de tiempo de apenas una semana). Esta situación es una clara muestra de que la factura de cintas de esta temática ha acabado acaparando una gran porción del cine cien por cien mainstream.

 

La clave es que, si bien los buenos dividendos obtenidos por los filmes de superhéroes ha sido un continuum a lo largo de la última década, los resultados y la situación vivida este último verano hace presagiar lo que se venía evidenciando desde hacía un tiempo: el público pide una pausa ante tanta descarga de adrenalina en formato salvavidas, y por otro lado, que no hay lugar ni cabida para tanto adalid de la justicia y el honor.

 

Echando mano a los datos del box office, contemplamos que la única que ha salido bien parada de cara al juicio del público y la crítica especializada ha sido Thor. La última entrega de las aventuras  de los X-Men, un reboot que encandiló a la crítica, ha sido acogida con tibieza por la audiencia mundial. Con tenue alegría también fue recibida El Capitán América, que ni se cubrió con gloria y fama en el asalto a las taquillas ni con el veredicto de los jueces críticos.

 

El caso más sangrante resultó el de Green Lantern. Observando con evidente recelo cómo la Marvel encadenaba éxito tras éxito con su cantera de superhombres, Green Lantern fue el exasperado conato de la DC por obtener los laureles del éxito con un héroe que no fuera su maniqueado Batman y su malogrado Superman. Con una lustrosa factura, amén de los más de 200 millones de presupuesto y con unos actores tan en boga como Ryan Reynolds y la gossip girl Blake Libely, Green Lantern fue vilipendiada por la crítica (que la acusó de ser un refrito de todo lo visto y revisto con anterioridad) e ignorada con dureza por las plateas.

 

Aún con semejante panorama, el futuro de los superhéroes no se presenta para nada proclive al cambio. El próximo año saldrán a la palestra una nueva entrega de Batman  y un relanzamiento de la franquicia de un Spider-Man totalmente renovado, dispuestos a arrasar sin miramientos. Además, El Motorista Fantasma tendrá una nueva oportunidad para encandilar al mundo, y unos cuantos superhombres (entre ellos Thor, Iron Man y Hulk) unirán sus fuerzas al estilo X-Men en Los Vengadores.

 

Si nada inesperado ocurre, todos ellos saborearán las mieles del éxito. Sin embargo, cabe preguntarnos hasta cuándo la situación continuará igual y si el fiasco de Green Lantern ha sido simplemente un caso aislado. La realidad mundial actual, con el pánico generalizado existente y los continuos conflictos inter potencias es idóneo para el surgimiento de hombres invencibles con superpoderes que trasmitan la falsa ilusión de que todo va bien. Sin embargo, como ya indiqué al principio, la grave recesión económica y la poca oferta de empleo semeja haber llegado al mundo de los hombres con mallas. ¿Hasta el infinito y más allá? Más bien, hasta donde se pueda….

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