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viernes, junio 14, 2024
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SOLOMON KANE **

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Recibir el año viendo repartir estopa a un personaje creado por Robert E. Howard me parece una buena opción, especialmente para los seguidores de los relatos del padre de Conan el bárbaro y Kull de Valusia y para los aficionados al cine de espada y brujería en general. Eso sí, conviene no liarse, que ya he oído comentarios de esos de los de echarse a temblar: esto no es El señor de los anillos, y tampoco lo pretende. Esto está más cerca del pulp de lo que nunca lo estuvo la obra de Tolkien. Son temas y mundos distintos, mucho más lejanos en sus motivaciones e instintos narrativos de lo que algunos supuestos “doctos en la materia” creen o ni siquiera son capaces de sospechar. Es por tanto una auténtica barbaridad, por no decir un sonoro rebuzno, comparar así de buenas a primeras y en plan superficial la espada y brujería con la narrativa de Tolkien.

Aclarado lo anterior, hay que decir que ante todo la película es un digno producto de cine de evasión que a su favor cuenta con una buena ambientación y un buen respaldo por parte de los actores secundarios. Además contiene varios momentos que a los seguidores incondicionales de los relatos de Robert E. Howard, entre los cuales me cuento, les resultarán familiares. Me refiero a las escenas en la sala de los espejos en el arranque de la película y la batalla posterior con el demonio, o la caída en el pozo de los demonios que vive e protagonista posteriormente, junto con una crucifixión muy propia del tinte sadomasoquista que acompaña habitualmente a los héroes del género de espada y brujería acercándoles a sus primos cercanos del pulp, los detectives de novela negra. Quizá alguno de ellos discrepe de lo que voy a escribir a continuación, pero si tuviera que hacer una lista de mejor a peor entre las adaptaciones que el cine ha hecho de los relatos de Howard, ésta sería la mejor después de Conan el Bárbaro de John Milius y antes de Conan el Destructor y por supuesto de la catastrófica versión de Kull que nos propinaron con Kevin Sorbo como protagonista hace unos años.

Es según ese baremo como creo que debe medirse Solomon Kane, y precisamente por ello sostengo lo que comenté al principio: que es un error establecer comparaciones con El señor de los anillos porque esto es otra cosa. Sería como intentar compararla con Van Helsing simplemente porque los dos personajes llevan un sombrero parecido (aunque en honor a la verdad hay que decir que Stephen Sommers tomó bastantes cosas prestadas de Solomon Kane a la hora de diseñar el personaje interpretado en aquella película por Hugh Jackman).

Creo que la película ha captado bastante bien la verdadera riqueza de los relatos y novelas de Howard en general y los que versan sobre Solomon Kane en particular: la capacidad para funcionar eficazmente como híbridos que se mueven a medio camino entre varios géneros. En los antecedentes literarios y en la película encontramos que las historias de capa y espada (el propio personaje de Kane, capitán mercenario de un barco británico) se cruzan con elementos de western (en el bosque, la caravana de los peregrinos), terror (la bruja, los demonios…), y aventuras.

Es por tanto imposible aburrirse ante la variedad de platos que nos ofrece esta mesa puesta para mayor goce de los aficionados al cine de acción y aventuras, que no reclama ni precisa de reflexiones filosóficas ni alardes estilísticos o estéticos más allá de los esenciales para contarnos una fábula de redención sencilla, pero no simplista, con claves que conocemos de sobra pero con algunos giros curiosos que le añaden algo de pimienta al asunto.

Otra cosa que me gusta de la película, y que encaja con el espíritu de la narrativa pulp y de los relatos de Howard, es su alma de peripecia de serie B que aspira a ganarse un hueco entre los estrenos de serie A. Quizá a la hora de juzgarla sería conveniente tener también esto en cuenta: Solomon Kane es una de las mejores muestras que he visto en el último año de una tendencia dominante en la cartelera desde hace un tiempo, las películas con propuestas argumentales y personajes de serie B travestidas de serie A.

A la película hay que apuntarle también el tanto de manejar con habilidad y buen ritmo el juego con los flashbacks que le permiten completar su peripecia argumental, si bien se le puede reprochar un guión que se empeña en hacer algo que Howard intentaba evitar en lo referido a sus personajes míticos: buscar en el pasado de los mismos, en su infancia, el origen de su naturaleza como bárbaros asesinos adictos a la violencia. Ese intento de justificación le hace un flaco favor a un personaje que no necesita justificarse, o en todo caso no necesita más justificación que la que se plantea al principio de la película, cuando el encuentro con el demonio impone un cambio de su estilo de vida, por decirlo de algún modo.

La peripecia familiar es lo más flojo de la película.

Pero como hasta el final no se nos impone como una especie de concesión a una lógica argumental totalmente prescindible y en todo caso mal entendida (me molestan los guiones pensados como una especie de cubo de rubik en el que todo tiene que encajar al final, cuando como sabemos en la mayor parte de la vida real raramente encaja nada), digamos que podemos pasar por alto que nos hayan querido contar el origen de Solomon Kane cuando maldita la falta que hacía.

En su lugar hubiera estado mejor una introducción final a las aventuras africanas del personaje, que como me comentó el protagonista de la película se reservan para una segunda entrega siempre que ésta primera consiga suficiente eco en la taquilla como para justificar la secuela.

Como dije en el comentario del trailer: cine de evasión para pasar un buen rato comiendo palomitas y saludando el año 2010 con la espada en una mano y la pistola en el otro.

Miguel Juan Payán

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