Crítica de Mátate, amor, película dirigida por Lynne Ramsay y protagonizada por Jennifer Lawrence, Robert Pattinson, Sissy Spacek y Nick Nolte.
Película intensa y sombría con Jennifer Lawrence y Robert Pattinson
De qué va Mátate amor
Grace (Jennifer Lawrence) y Jackson (Robert Pattinson) son una joven pareja que se muda de Nueva York a una casa aislada en Montana, la cual era propiedad de un tío de Jackson que se suicidó de un disparo. En un principio, ambos planean aprovechar su traslado como un empujón a sus respectivas actividades —él es músico y ella intenta escribir una novela—, pero el embarazo de Grace precipita una serie de cambios que hunden a la mujer en una profunda depresión de la que le resulta imposible salir.
Crítica de Mátate amor
La cineasta británica Lynne Ramsay (Tenemos que hablar de Kevin) ilustra con imágenes en movimiento el laberíntico y homónimo libro de la escritora argentina Ariana Harwicz para concebir una película asfixiante, en la que existen muy pocos momentos de paz o de mera tranquilidad existencial.
Pese a que muchos vieron en la unión de Jennifer Lawrence y Robert Pattinson una especie de crossover entre Los juegos del hambre y Crepúsculo, Ramsay deja claro desde el principio que Mátate, amor no trata de reverdecer el pasado más laureado de los dos actores de tan exitosas sagas cinematográficas, ya que el filme no genera ningún guiño nostálgico hacia los mencionados blockbusters. Lawrence y Pattinson se embarcan en un par de caracterizaciones esforzadas que huyen de la empatía afectiva que ejercían los admirados Katniss Everdeen y Edward Cullen.
En la obra de Ramsay, los trabajos de JL y RP sacan el salvajismo desbordante de un par de personajes dominados por el ansia de sobrevivir, a los que les asustan cosas diferentes: a Grace le aterra el hecho de desaparecer como mujer deseable tras tener a su bebé, y a Jackson le aterra el abismo que se le presenta ante la posibilidad de que su relación sentimental acabe en el fracaso más absoluto.

La desangelada puesta en escena que crea Lynne Ramsay encaja a la perfección con los demonios existenciales que llevan a Grace hasta la aparente locura. Es un descenso a los infiernos de la mente de alguien que nota su progresiva pérdida de razón, mientras reacciona con violencia frente al hombre con el que ha escogido tener un hijo y compartir su vida.
Jennifer Lawrence realiza una interpretación explosiva y llena de matices, con la que consigue escoltar a los espectadores por los recovecos más siniestros del universo degradado y desquiciante de Grace. La protagonista de Los juegos del hambre se esfuerza por mantener un tono desafiante a lo largo de la película, lo que provoca un cierto cansancio ante tanta actitud agresiva y tantas salidas de tono en todos los fotogramas en los que participa. Por su lado, Robert Pattinson no escapa de la neurosis generalizada que transmite el filme y construye un trabajo algo diluido por la fuerza del rol de Grace.
El tándem formado por Lawrence y Pattinson es el elemento que contribuye a vestir Mátate, amor con unos ropajes mediáticos que no le corresponden realmente. La cinta de Ramsay se muestra más ajustada a los márgenes de una obra introspectiva, cuyas líneas narrativas están hilvanadas al ritmo de los accesos agresivos que exhibe Lawrence a través de su papel enfermo y autodestructivo.

Influencias diversas
En el metraje de Mátate, amor hay una escena en la que Jennifer Lawrence monta en una bicicleta con una falda corta de vuelo que el viento levanta convenientemente. Este fotograma recuerda al de la película Monella, de Tinto Brass. Junto a esta extraña y sensual asociación, también se puede establecer un similar gusto por la contemplación de la naturaleza entre Ramsay y Terrence Malick, expuesto en títulos como Malas tierras. Ya desde el punto de vista argumental, los enfrentamientos entre Grace y Jackson pueden recordar a las peleas implacables que llevaban a cabo Elizabeth Taylor y Richard Burton en ¿Quién teme a Virginia Woolf?
Te gustará si te gustó…
Cualquier película que trate los procesos mentales al límite de la locura, con personajes que no pueden escapar de sus pesadillas. De La escalera de Jacob a Una mente maravillosa.
Jesús Martín
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