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Crítica Paradise is Burning ★★★★ (2024) dirigida por Mika Gustafson

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Crítica Paradise is Burning película dirigida por Mika Gustafson con Bianca Delbravo, Marta Oldenburg, Dilvin Asaad

Buena reflexión sobre soledad, afectos perdidos y paso a la madurez.

Una de las películas más reveladoras y envolventes de este año que atrapa hasta más allá de su desenlace.

Siguiendo la fórmula que el sistemático pateo meapilas y adicto a postureo de ese regalo ignorado, rechazado y maltratado que es el castellano, ha dado en denominar “coming of age”, esta película narra con eficacia y sencillez estimulantes y totalmente inmersivas para el público un  complejo, accidentado e incierto paso a la madurez de tres hermanas menores de edad.

Paradise is Burning tiene también algo de pesadilla inspirada por Peter Pan, con niñas perdidas incluidas, con el vecino Sasha ejerciendo como un Capitán Garfio que lo único que quiere es triunfar cantando karaoke y Hanna ejerciendo como una Wendy adulta y desorientada que ha crecido sin llegar a entender quién es realmente.

Crítica Paradise is Burning película dirigida por Mika Gustafson con Bianca Delbravo, Marta Oldenburg, Dilvin Asaad

Infancia prolongada y adultos incapaces

El papel de Peter Pan le cae encima, sin posibilidad de escape, a la protagonista, Laura (brillante Blanca Delbravo), una adolescente de 17 años obligada a cuidar de sus dos hermanas ante la desaparición de la madre y de cualquier adulto responsable que se haga cargo de cuidarlas.

Laura se ve así, como otros muchos niños y niñas de la vida real, obligada a ejercer rol de adulta cuando no lo es, consecuencia de la inoperancia de los adultos para aceptar sus responsabilidades, de manera que a través de la peripecia de ingenuo apego a esa infancia imposiblemente prolongada de las niñas la película nos habla también a nosotros como adultos irresponsables en una sociedad cada vez más egoísta e inmadura.

A destacar que los adultos de esta fábula de niñas perdidas en una infancia prolongada más allá de lo sostenible que acaba por convertirse en tóxica, son como niños caducos, tóxicos. No son capaces, ni tampoco tienen interés, de hacerse cargo realmente de las protagonistas.

De los adultos Laura y sus hermanas solo pueden esperar abandono, falta de ayuda y ningún compromiso real. Solo consiguen un paquete de compresas de la vecina si lo pagan y el regalo de una botella de vino para emborracharse. O tres camisetas baratas de su tía. O esa espada de Damocles sobre su cabeza que es la anunciada visita de los Servicios Sociales, convertida en herramienta narrativa para añadir, como suceso aplazado, cierto suspense  que sobrevuela y marca los últimos días de esa infancia imposible de prolongar. Esa visita se al mismo tiempo la bola de demolición que amenaza con destruir ese por otra parte insostenible paraíso a punto de arder que presagia el título.  

Crítica Paradise is Burning película dirigida por Mika Gustafson con Bianca Delbravo, Marta Oldenburg, Dilvin Asaad

Elegancia sutil y coro revelador

Y eso ocurre porque los adultos no son más maduros que las propias niñas, sino niños atrapados a su vez en su incapacidad para aceptar responsabilidades. Así se define tanto la vecina y su pareja, el gigantesco e inseguro niño Sacha, la tía que vive en su propia feria y no quiere saber nada de sus sobrinas, y sobre todo Hanna, esa mujer a la que con elegancia y sutileza directora, Mika Guftafson, presenta como falsa mentora e interés afectivo para Laura, pero en realidad es solo otra adulta egoísta que vampiriza sus encuentros con la adolescente en un vano intento de reencontrar su propia adolescencia añorada, escapando a sus responsabilidades en un matrimonio y una maternidad que obviamente le resultan frustrantes.

La cotidianeidad irregular en la que viven su peripecia las tres protagonistas encuentra puntos de evolución en la trama a través de los encuentros con esa especie de coro griego de personajes colectivos que son las otras adolescentes, en las que se bañan -la piscina será elemento significativo en sus fiestas- los tres personajes individuales que son las tres hermanas protagonistas, sirve como ditirambo para hablar al público del valor de la lealtad del grupo en los rituales de paso a la madurez.

Hay que estar atento a los brevísimos subrayados de mirada a cámara de Laura y Hanna que pueden servirnos como espejo tanto como esa voz de la trabajadora social en las llamadas telefónicas, a la que nunca llegamos a ver, porque pertenece al mundo de lo no narrable que queda después de esa llamada final a la puerta que despierta a las tres hermanas, tras la que el coro retoma su función reveladora de la idealización que contrasta con la dolorosa realidad del abandono.

                                                     Miguel Juan Payán

Crítica Paradise is Burning

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Crítica Paradise is Burning

Miguel Juan Payán
Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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