Crítica Sirat (2025) ★★★★★ Una de las mejores del año

Crítica Sirat película dirigida por Oliver Laxe con Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid

Tiene hechuras de película de culto generacional y mucha magia dentro.

Sirat no solo una película. Además, es una experiencia, y eso es algo que el cine cada vez nos proporciona con menos frecuencia.

Cinefilia inteligente, paisajes mutando

En el visionado se hace imposible pensar en una película que contiene varias películas al mismo tiempo construyendo un ADN que respira cinefilia inteligente por todos sus poros. Esto queda expuesto en todas y cada una de las costuras de su traje, que genéricamente es en primer lugar y sobre todo una impecable película de intriga capaz de atraparte en sus momentos de suspense, pero al mismo tiempo rezuma espíritu de western en todo el gran trabajo visual, de composición de plano.

Exhibe Sirat una puesta en escena que opera como una digna heredera de los juegos desérticos épicos al mismo tiempo que rinde tributo a ese otro modo de mirar el paisaje como protagonista en los westerns clásicos, el del western crepuscular. De manera que si en su fotografía el paisaje grita como un majestuoso gigante digno de servir como telón de fondo en las odiseas épicas de John Ford o en el  Lawrence de Arabia de David Lean, en la manera de utilizar ese paisaje como materialización del trauma y el conflicto interno de los personajes alcanza el nivel de madurez desmitificadora y humanizadora de la forja de los antihéroes de las propuestas de western crepuscular de Sam Peckimpah, para llegar finalmente en su desenlace y en su argumento a la desoladora visión de los desiertos de dos películas de culto dirigidas por Monte Hellman, El tiroteo (1966) y A través del huracán (1966), cuyos personajes parecen diablos perdidos condenados a perderse en sus propios desiertos.

Todo ese recorrido por el uso del paisaje como un personaje más de la trama encuentra equilibrio en su compañero de viaje genérico que llega a la trama desde el ejercicio del suspense, manifestando en ese territorio la presencia entre sus fuentes de inspiración en dos clásicos: la imprescindible El salario del miedo (1953), de Henri- Georges Clouzot, y la nueva versión cinematográfica de esa novela de Georges Arnaud, Carga maldita (1977), dirigida por William Friedkin.

Crítica Sirat

Viaje hacia los límites

La triada de referentes de la película se completa con esa otra cara del cine de aventura de supervivencia tejida desde el tono documental, aplicando la fórmula de provocación de lo excepcional para filmarlo y transmutar la realidad de la propia filmación en una ficción que nos lleva de viaje hasta los límites del cine y de la propia existencia, mostrándonos siempre ese vacío que parece esperarnos a todos más allá del horizonte inalcanzable hacia el que se desplazan los personajes en su viaje sin fin. Un auténtico viaje infernal. En ese territorio Sirat me ha recordado dos clásicos esenciales de la filmografía del máximo maestro en tal materia, Werner Herzog, director de dos películas que son también sendas experiencias para el espectador, Aguirre, la cólera de Dios (1977) y Fitzcarraldo (1982). Ambas proponen el solapamiento de la odisea del rodaje y la odisea de los personajes que aparece en muchos momentos de Sirat.

Y para rematar todo ese territorio cinéfilo por el que se desplaza esta película, añadan una alusión desde vestuario a otro clásico, Freaks, la parada de los monstruos (1932), dirigida por Tod Browning, que  completa de forma genial e irreversible la definición de los personajes que habitan esta película de itinerario, de viaje, lo que los anglosajones denominan “road movie”, hombres y mujeres perdidos en una demoníaca travesía del desierto que nos habla de cómo el azar y el caos sigue dominando nuestras vidas aunque nos resistamos a creerlo, y una decisión puede alterar definitivamente nuestro camino.

Crítica Sirat

Métafora del miedo

Sumergidos en esa especie de paréntesis en la realidad que les permite distanciarse de ese mundo exterior en el cual se insinúa la tragedia de una guerra que oficia bien en el relato como metáfora de la sensación de miedo a un peligro inminente que rezuma la sociedad de nuestros días, los viajeros de Sirat entran en un espacio de liberación existencial, pérdida y desaparición, un espacio tribal en el que se reformulan los lazos familiares y se reescriben los vínculos emocionales con pinceladas trágicas, mientras el western progresa hacia la aventura y la aventura de convierte en suspense con pinceladas terroríficas.

Lo mejor de la película es primero su capacidad para sumergirnos desde sus primeras imágenes en ese mundo que habitan los personajes, convirtiéndonos en uno más de esos bailarines que patean el polvo del desierto buscando la manera de olvidarse de sí mismos, como uno más de esa rave en la que comienza su camino.

El segundo acierto es su manera de introducir los más duros momentos de su metraje renunciando al melodrama y la manipulación emocional, con la frialdad de una cuchillada que nos deja marcados.

Y desde esas dos claves, el tercer acierto de Sirat es su capacidad para sorprendernos tirando siempre por un camino distinto al que podamos suponer en principio.

                                   Miguel Juan Payán

Copyright 2025 AccionCine. Se permite el uso del contenido editorial del artículo siempre y cuando se haga referencia a su fuente, además de contener el siguiente enlace: www.accioncine.es

Síguenos en nuestro canal de WhatsApp o Telegram para recibir las noticias en tu móvil o únete al grupo AccionCine de Telegram para conversar de cine y hacer amigos. 

Crítica Sirat

Miguel Juan Payán
Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

AccionCine - Últimos números

Paypal

SUSCRÍBETE - PAGA 10 Y RECIBE 12 REVISTAS AL AÑO

Artículos relacionados

PUBLICIDAD

Últimos artículos