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miércoles, junio 12, 2024
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The Skeleton Twins ***

The Skeleton Twins ***Craig Johnson compone una película de sorprendente calado afectivo, en la que el trabajo de los actores está muy por encima de un relato aparentemente trivial.

Después del éxito cosechado en el pasado Festival de Cine de Sundance (donde ganó el premio al Mejor Guion), llega a las carteleras el segundo largometraje del interesante director de True Adolescents, un hombre interesado en mostrar los resortes ocultos de unos personajes normalmente aprisionados por su propia realidad.

De esa manera es como se presentan ante el público los gemelos de los esqueletos tatuados en su piel (The Skeleton Twins), un par de hermanos incomunicados durante diez años, hasta que el intento de suicidio de uno de ellos les vuelve a poner en contacto.

Así es como comienza la acción de la cinta, con Milo (Bill Harder) intentando morir en su bañera por un desengaño amoroso. Sin parientes más próximos que su gemela (Maggie, a la que pone físico la estimulante Kristen Wiig), los responsables médicos se ponen al habla con ella; motivo por lo que esta viaja desde su casa para rescatar a su familiar.




Ante la situación que encuentra Maggie en Los Ángeles, la mujer toma la decisión de alojar por un tiempo a Milo en su casa de Nueva York (la cual comparte con su esposo Lance). Y allí, en la ciudad donde crecieron los twins, estos empezarán a ver cómo surgen los asuntos del pasado que creían perdidos en los abismos de los secretos nunca confesos.

Una estructura simple y atrayente le sirve a Craig Johnson para elaborar un trabajo cargado de diálogos chispeantes, en los que se crecen -como alumnos aventajados del Actor’s Studio- Kristen Wiig y Bill Hader. Parece que el libreto está concebido para ellos dos, para que ambos luzcan sus obvias virtudes profesionales ante una cámara de cine. Y, precisamente, es por la labor de la pareja protagonista por la que engancha esta crónica negra sobre las infancias extrañas y disfuncionales.

Siempre parapetado tras la comprensión (Johnson en ningún momento juzga moralmente a sus personajes), el realizador construye un tragicomedia a base de situaciones pintorescas, como sacadas del diario de cualquier adulto con la rebeldía de los outsiders por bandera. Escenas que le sirven a CJ para narrar un relato repleto de puntos oscuros, a los que el espectador accede de manera gradual.

El cineasta echa mano del universal tema de los pretéritos enquistados en la existencia de los individuos, y lo exprime convenientemente mediante secuencias tan efectivas como la del karaoke del Nothing Gonna Stop Us Now, de la Jefferson Starship; o la del chute con oxigeno que se marcan Milo y Maggie en la clínica dental. Sin embargo, esa sensación de laisser faire vital, con la que el autor de True Adolescents embadurna la movie, llega a exasperar conforme evoluciona el largometraje.

Johnson acierta con el tono argumental, pero no redondea los resultados al olvidar establecer los debidos puntos de fuga: esenciales en toda creación con ganas de reflejar las tensiones existenciales de seres al borde del suicidio, programados desde el cansancio que provoca la rutina.

Jesús Martín

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Jesús Martín
Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación

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