
La historia es la de dos jóvenes de 17 años, aficionadas al electro-latino, con su propio dúo musical, que acude como cada año a un campamento de verano para chicas, dirigido por unas peculiares monjas. Pero este año las cosas serán muy distintas cuando una de ellas empiece a recibir visitas de Dios quien se comunica con ella a través de canciones de Whitney Houston… Y si todo les suena raro, porque no han visto la obra de teatro como un servidor, tranquilos, en apenas cinco minutos quedarán atrapados por la película, por la historia y por sus personajes. Una historia llena de energía, reflexión y humor, muchísimo humor. Y música, por supuesto. Recordemos que se trata de un musical…
Aunque no podemos olvidarnos de los papeles, sensacionales, de Cuesta y Olaya, que están simplemente perfectas, la película cae sobre los hombros, sobre todo, de Macarena García y Anna Castillo. Dos actrices que son pura energía. Tienen una relación magnética con la cámara, un talento natural y sencillo que las convierte en magia en pantalla. Es imposible dejar de mirarlas con la boca abierta cada vez que su rostro cruza el plano. Hay cosas que se entrenan, que se estudian y aprenden, otras son intangibles. Ambas actrices tienen esa relación única con la cámara y su química es portentosa. Es una maravilla verlas actuar y dar vida a los personajes…
Pero además la película juega a muchos y complejos niveles. Es una comedia romántica, pero no la que se espera habitualmente. Es una película sobre la fe y el amor, pero a través de la música, cambiando las reglas del juego. Es una comedia, sí, pero tiene momentos emotivos, y es de esas películas que tienen corazón, que saben llegar a la audiencia sin edulcorar, sin cargar las tintas. Con mucha honestidad y mucha frescura. Es diferente, lo que la hace única. E incluso, hace que nos olvidemos de sus pequeños deslices, de algún momento quizá algo obvio, o alguna coreografía poco conseguida. Nimiedades, la verdad. La sensación que deja la película es de haber visto algo potente y especial, acompañado además por música de Leiva, y con mucha, mucha fuerza. Esperemos que el éxito del teatro se traslade a las salas de cine también y se convierta en otro fenómeno. Se lo merece.
Jesús Usero
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